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Nosotros y nosotras

Por Francisco Olivencia
20/03/2016 - 06:10

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Esto de la igualdad entre ambos sexos está muy bien, aunque por fortuna no lo seamos desde un punto de vista morfológico, algo por lo que nunca acabaré de dar gracias a Dios.

Pero lo que ya no está tan bien es ese empeño de acabar con el genérico masculino, es decir, el que consiste en dar por entendido que cuando decimos, por ejemplo, "todos", se sobreentienda que nos referimos a hombres y mujeres. Nuestra Constitución, que no es tan antigua como algunos pretenden, es un claro ejemplo de ello, pues repetidamente emplea ese "todos", si bien con una sola excepción, al decir: "el hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio...", un pequeño detalle sibilinamente pasado por alto cuando se establecieron los matrimonios homosexuales.
A pesar de los esfuerzos en contra de la Real Academia Española de la Lengua, defensora del antes mencionado uso genérico del masculino plural, profundamente arraigado tanto en el lenguaje popular como en los textos escritos, el empleo continuo del masculino y el femenino se viene imponiendo cada vez más, singularmente en lo que algunos tertulianos radiofónicos han bautizado como el "politiqués", en alusión al modo de hablar de los políticos, a lo "políticamente correcto", aunque sea gramaticalmente incorrecto.
Basta con leer el actual texto del Estatuto de Andalucía para comprobar lo anterior, pues "los andaluces y las andaluzas" es frase que repite con una insistencia tan machacona como inútil. Los defensores de este invento dicen que sirve para dar "visibilidad" a la mujer, lo que, según creo, no pasa de ser una tontería.
Tengo la impresión de que la presente batalla por una igualdad mal comprendida la estamos perdiendo quienes tratamos de hablar y escribir correctamente, de acuerdo con las reglas que defiende nada menos que la antes citada Real Academia. Me temo que pronto seremos mirados como peligrosos enemigos de la tan deseada igualdad y como empedernidos machistas.
Por cierto, y ya que he empleado la palabra "machista", ¿qué pasaría si los hombres emprendiésemos una cruzada a fin de lograr que esas palabras que, terminando en "a", se vienen aplicando al sexo masculino, terminasen en "o"? ¿qué sucedería si dijéramos "machisto", "persono", "atleto", "víctimo", "poeto", "periodisto" o tantas y tantas otras necedades como podríamos poner de ejemplo? Sin duda, haríamos el ridículo. Y, además ¿por qué se dice la "jueza"? Si la nuez es palabra femenina, parecería lo más lógico decir "la juez" y "el juezo" (perdón por esta digresión tan tonta, pero es que ya me tienen bastante harto).
La verdad es que desde aquel "los vascos y las vascas" que introdujo Ibarreche, este a mi juicio error innecesario ha ido convirtiéndose en una ola que está resultando imparable. El "los y las" –aunque a nivel de calle no haya penetrado- parece haber ganado la batalla en el terreno del feminismo militante y de la política, si bien, aunque no lo quisieran los oradores, se les escapan todavía muchos masculinos genéricos. "Diputados y Diputadas" y ""los españoles y las españolas" han sido expresiones repetidamente empleadas desde la tribuna del Congreso en el reciente debate de investidura. Y también ha oído tanto a Pedro Sánchez como a Pablo Iglesias decir "nosotros y nosotras". Paso ya -a duras penas- por lo anterior, pero me niego a admitir que un hombre emplee el término "nosotras", porque "nosotras" es un pronombre personal del género femenino que jamás puede utilizar un varón (salvo que sea gay, claro) pues quien siendo hombre de verdad pronuncia esa palabra se está incluyendo a sí mismo en el género femenino, o sea, que si lo hace cae en el más espantoso de los ridículos.
Como creo que Pedro y Pablo no reúnen las condiciones necesarias para usar con propiedad dicho pronombre, pienso que cuando dicen "nosotras" no solo cometen un error, sino que, además, inducen innecesariamente a confusión sobre sus tendencias sexuales.
Adelante con la igualdad, pero sin forzar las reglas gramaticales ni caer en ese tipo de errores, por favor.

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