Tarek tenía 32 años y cuatro hijos “por los que daba la vida”. Sus padres y su viuda, que defienden su inocencia, piden justicia y exigen que se depuren responsabilidades de un caso que “no es ningún ajuste“
“Le cogí entre mis brazos y le llamaba. Gritaba Tarek, Tarek,... pero no respondía”. Nora se deja abrazar por las mujeres de la familia. Su hija mayor, de nueve años, no encuentra consuelo y se aferra a sus piernas. Sabe que no volverá a ver a su padre y que su madre está ausente. “No puede ser. Era buen padre. Moría por ellos”, repite mirando a la pequeña. Frente a ella, su suegra. La madre de Tarek. Reza. Llora lágrimas secas y repite que era el mejor de sus nueve hijos. El que más les ayudaba. “Nos han matado a todos. No ha hecho nada y le han pegado cuatro tiros como a un perro mientras tomaba un café tranquilo como cada día”.
Su marido, afligido, recibe a los hombres a unos metros de la casa familiar. En el bar que regenta desde hace casi tres décadas al lado de la cárcel de Los Rosales. Tiene 70 años y confiesa que ha pasado mucho. Su pena más grande era la de haber perdido a dos hijos en sendos accidentes de tráfico. Ahora se han llevado a otro “por la cara. Lo han asesinado. A un chico noble. Trabajador. Venía a ayudarme cada fin de semana. Era ferrallista. Oficial de primera. Trabajaba en la obra cuando podía o ayudándome a sacar adelante el negocio. Y si venían tiempos complicados, nosotros, como harían todos los padres, le echábamos una mano”.
Abdeselam fuma sin parar. Él agradece las visitas con una sonrisa resignada mientras el cuerpo de su hijo espera en el Hospital Universitario para practicarle la autopsia y otra de sus hijas está allí ingresada con un ataque de nervios. Dice que es una injusticia. Que aún no lo cree. Que está destrozado. Que no hay ajustes de cuentas. Que quiere saber por qué. Que ya no lo volverá a ver y que quiere que se haga justicia. El bar poco a poco se va llenando de gente que le transmite su pesar. “Me vinieron a avisar y salí corriendo. Aún no he podido verle. Dicen que le tienen que hacer la autopsia”. No da crédito. “Somos una familia grande, decente, conocida, de buena reputación. Mi padre era sargento de Regulares. Nos dedicamos a la ganadería. Ahora tenía el bar. Nos llevamos bien con todo el mundo. Pregunta en la calle por los Mesquini. Tenemos amigos hebreos, cristianos, hindúes y musulmanes. Ni una pelea. Y Tarek no hacía daño a nadie”.
A medida que van entrando, aumenta la información sobre los hechos. “Dicen que hubo testigos que han declarado durante tres horas”, comenta un familiar. “Estaba con un amigo tomando un café que le dejó cuando fue a buscar a los niños al colegio. Entonces fue cuando le dispararon. Llevaba un casco”, explica un primo del fallecido.
Y le toca el turno al debate de lo que muchos piensan y pocos dicen: “Las autoridades se lavan las manos diciendo que es un ajuste de cuentas. Pero no lo es. Como somos musulmanes, dicen que nos matemos entre nosotros y les da igual. No hay derecho”. Abdeselam pide que se esclarezcan los hechos. Que el único delito de su hijo es estar casado con una hermana del Pajarito, al que acusan de haber asesinado a Karim, otra víctima cuya familia sigue defendiendo su inocencia y esperando por los culpables. “Mi hermano no ha matado a Karim”, explica Leila desesperada abrazando a su hermana ahora viuda y con cuatro hijos a su cargo. “Está en la cárcel metido por un delito que no cometió y ahora han matado a Tarek que tampoco tenía nada que ver. ¿Quién va a ser el siguiente? ¿Mi otro hermano?”. Aseguran que “por la regla de tres, de haberlo matado por ser cuñado del Pajarito, nos pueden matar a todos” y que la prueba de que era inocente es que “Tarek no tenía miedo porque no había hecho nada malo, sino no estaría tan tranquilo tomando un café donde todos los días lo hacía y muy cerca de donde asesinaron a Karim”. Temen que siga habiendo víctimas inocentes porque “los asesinos siguen en la calle”.
Se fue a vivir al Poblado Legionario hace nueve años
Los que le conocían aseguran que “ni hablando hacía daño”. Había nacido hace 32 años en Los Rosales, la barriada en la que se crió puesto que sus padres eran de allí “muy conocidos e hijos de Ceuta” y conoció a su mujer, de la Pantera, muy joven. Se casaron hace doce años. Él tenía apenas 20 y ella 16 y continuaron viviendo en la barriada natal de Tarek, pero cuando declararon en ruina la casa que compartía junto a su esposa, se fue a vivir a Príncipe Alfonso a un piso en el Poblado Legionario. Allí formaron una familia con cuatro hijos que eran “su mayor alegría”. La mayor, de 9, uno de 8, otro de cuatro y el benjamín, de dos años. Ahora estaba en paro y siempre que podía acudía ayudar a su padre en la ‘Cafetería Najat’, el nombre de su hermana y que así llamó el patriarca al negocio familiar, muy conocido en la zona.
“Creemos en la Justicia pero en la Policía no. Era inocente”
La familia del fallecido lamenta que en un juego de “testigos pagados y víctimas inocentes los culpables sigan en libertad”
El padre de Tarek quiere que quede claro: “Pedimos justicia. Que se depuren responsabilidades. Creo en la Justicia pero no en la Policía porque están demostrando que no hacen nada para evitar las muertes de inocentes”. La familia de Nora, la viuda, dice que al menos les queda la divina. Porque la justicia de los tribunales ya les ha fallado. “¿Cómo vamos a creer en la justicia si hay un inocente en la cárcel y otro muerto?”, lamentan.
“Yo misma fui con mi hijo a que se entregara cuando se dijo que había sido él el que asesinó a Karim. Desde entonces, lo metieron preso. El delegado nos dijo que era mejor por precaución para que no le pasara nada. Pues ahora mira lo que ha pasado. Que han matado a otro inocente sólo por ser su cuñado. Que mi hijo sigue en la cárcel y que los verdaderos asesinos están en la calle”. La madre del Pajarito y de la viuda de Tarek está desesperada. Ya no sabe a quién acudir y denuncia que “los que tendrían que defendernos no lo hacen y nos han dejado desamparados”.
La familia entera pide justicia. Comparan Ceuta con Ciudad Juárez, porque “todos tienen miedo y asesinan a inocentes mientras los culpables siguen actuando a sus anchas porque a la Policía le da miedo ir contra ellos”. Aseguran que tienen pruebas de la inocencia del Pajarito “que como sabía que no podían echarle la culpa, se fue a entregar para aclararlo todo” y que ahora hay otro inocente bajo tierra “por culpa de la precaución que ellos nos decían y de unos testigos que son los de siempre y hablan porque les pagan”.
Dicen que Tarek no es culpable de nada más que de haber estado casado con la hermana del Pajarito y que si eso da licencia para matarle a sangre fría, podrían matar a cualquiera. Aún así son prudentes. Quieren a los asesinos pagando por unos delitos “aunque no nos sirve de nada porque nadie nos lo va a devolver”. La viuda no puede mirar hacia adelante. Aún es pronto. “No me lo creo. Mírale. ¿Cómo va a hacer algo malo? Él era feliz con sus hijos”, susurra mostrando las fotos que guarda de él en el teléfono móvil.
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