Marruecos

Noor Atlas: el megaproyecto solar de Marruecos en el Sáhara con 20.000 megavatios

El proyecto energético marroquí, instalado en pleno desierto, combina energía solar, almacenamiento térmico y conexiones submarinas

Marruecos ha puesto en marcha el que ya está considerado como el mayor complejo solar del planeta, una gigantesca infraestructura energética levantada en el Sáhara marroquí que alcanza una capacidad instalada de 20.000 megavatios y que ya exporta electricidad hacia Europa a través de conexiones de alta tensión y cables submarinos.

El proyecto, denominado Noor Atlas Mega Complex, ocupa unas 45.000 hectáreas de terreno desértico, una superficie equivalente a unos 63.000 campos de fútbol. La magnitud de la instalación convierte al complejo en uno de los grandes símbolos de la transición energética mundial y sitúa a Marruecos como un actor estratégico en el suministro de energía renovable hacia el continente europeo.

La producción teórica del complejo permitiría cubrir la demanda eléctrica de países de tamaño medio como Islandia o Estonia desde un único punto de generación.

Un complejo solar diferente al resto

El Noor Atlas no funciona como una planta solar convencional. El proyecto combina tres tecnologías energéticas diferentes repartidas en instalaciones interconectadas: paneles fotovoltaicos, torres de concentración solar y sistemas de almacenamiento mediante sales fundidas.

Precisamente, el uso de estas sales fundidas es uno de los elementos más innovadores del complejo. Este sistema permite almacenar el calor generado durante el día y liberarlo progresivamente cuando desaparece la luz solar, manteniendo así la producción eléctrica durante la noche.

Gracias a esta tecnología, el complejo puede disponer de hasta 16 horas de almacenamiento térmico, lo que le permite ofrecer una generación mucho más estable y continua que otros grandes parques solares del mundo, habitualmente dependientes de baterías externas o limitados a las horas de sol.

La combinación de energía solar y almacenamiento convierte a Noor Atlas en una infraestructura capaz de funcionar prácticamente durante las 24 horas del día, algo especialmente relevante en un momento en el que Europa busca reducir su dependencia de combustibles fósiles y garantizar el suministro energético.

Transporte de la energía hacia Europa

Uno de los aspectos más importantes del proyecto es su capacidad para exportar electricidad hacia Europa. Desde el complejo solar, un corredor de transmisión eléctrica de alta tensión en corriente continua (HVDC) de unos 1.400 kilómetros transporta la energía generada hasta el norte de Marruecos.

Desde allí, la electricidad cruza el Estrecho de Gibraltar mediante un nuevo cable submarino conectado directamente con la red española.

La interconexión energética entre Marruecos y España no es nueva. Ambos países ya compartían conexiones eléctricas desde 1997, pero el nuevo corredor amplía de manera considerable la capacidad de exportación marroquí y convierte al país norteafricano en uno de los grandes proveedores de energía limpia de la región.

El sistema adquirió además una gran relevancia durante el apagón que afectó recientemente a parte de España. Según la información difundida, desde la red marroquí se destinó un 38% de la capacidad disponible para ayudar a reactivar el suministro eléctrico en el sur peninsular.

Miles de millones en ingresos para Marruecos

La puesta en funcionamiento del complejo solar supone también un enorme impacto económico para Marruecos.

Las estimaciones manejadas por organismos como MASEN —la Agencia Marroquí de Energía Sostenible—, el Banco Mundial y el Banco Africano de Desarrollo sitúan las exportaciones continuas hacia Europa en torno a 4.500 megavatios, generando aproximadamente 2.800 millones de euros anuales en ingresos por venta de energía renovable.

La cifra se acerca a los ingresos históricos obtenidos por Marruecos gracias a la exportación de fosfatos, uno de los principales pilares económicos del país durante décadas.

Además, el desarrollo de esta infraestructura permite al país reducir de forma considerable su dependencia energética exterior. Marruecos importaba hasta hace pocos años buena parte del gas y el carbón necesarios para mantener su sistema eléctrico, una factura energética que ahora podría disminuir de manera significativa gracias a la producción solar.

El norte de África mira hacia el modelo marroquí

El impacto del proyecto ya está generando movimientos en otros países africanos. Según la información difundida, al menos diez países del norte de África han iniciado contactos y solicitudes para explorar proyectos similares basados en la producción de energía renovable en zonas desérticas.

El Sáhara ofrece unas condiciones especialmente favorables para este tipo de infraestructuras debido a su enorme disponibilidad de suelo y a los elevados niveles de irradiación solar durante gran parte del año.

Países como Mauritania o Argelia ya han comenzado a analizar posibles desarrollos energéticos inspirados en el modelo marroquí, mientras que China participa en distintos proyectos relacionados con las energías verdes en la región.

La posibilidad de convertir el norte de África en uno de los grandes centros mundiales de producción de electricidad renovable podría modificar profundamente el mapa energético europeo durante las próximas décadas.

Más allá de la energía: retos técnicos y geopolíticos

Aunque el proyecto representa un importante avance tecnológico, también plantea importantes desafíos técnicos y estratégicos.

La transmisión eléctrica a grandes distancias mediante corriente continua implica pérdidas energéticas, mientras que los cables submarinos requieren inversiones millonarias y mantenimiento constante. Además, la integración de estas infraestructuras en redes eléctricas nacionales diseñadas bajo otros modelos energéticos obliga a desarrollar nuevas capacidades de recepción y distribución.

A ello se suman las implicaciones geopolíticas de un sistema energético cada vez más dependiente de grandes infraestructuras transfronterizas.

Pese a ello, el hecho de que el Noor Atlas ya esté operativo y exportando electricidad hacia Europa cambia el escenario internacional. Lo que durante años fue un proyecto teórico sobre el aprovechamiento energético del desierto se ha convertido ahora en una realidad industrial a gran escala.

El Sáhara, tradicionalmente asociado a condiciones extremas y vastas extensiones deshabitadas, empieza así a consolidarse como uno de los territorios clave en la nueva carrera global por la energía renovable.

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