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Noche en familia para 800 judíos

Las pasadas noches de lunes y martes han supuesto el comienzo de una de las celebraciones más importantes en el calendario hebreo, la que conmemora la liberación de Egipto.

“Esta promesa fue la que sostuvo a nuestros ancestros y nos sostiene a nosotros, porque no fue sólo uno el que se levantó contra nosotros para exterminarnos, sino que en cada generación se levantan para exterminarnos. Y el santo bendito Es, nos salva de sus manos”. Los alrededor de ochocientos judíos que viven en Ceuta comenzaron su cena de ayer con estas palabras, las primeras líneas de un relato de obligada lectura en las dos primeras noches de la Pascua Judía. Se trata de la festividad con la que conmemoran el paso de la esclavitud a la libertad de Egipto.

“Desgraciadamente, son palabras de rabiosa actualidad siempre. Ahora es Ahmadineyad, antes era Hitler”, explica Jacob Hachuel, uno de esos ocho centenares de judíos que viven en esta ciudad. Se trata de una de sus mayores celebraciones, que coincide siempre con la Semana Santa cristiana porque ambas se rigen por el calendario lunar de la misma manera.

Además, existe otra similitud. “Es precisamente la fiesta que Jesús fue a celebrar a Jerusalén con los suyos, sólo que ha cambiado de significado para los cristianos”, apunta Jacob Hachuel. Por ejemplo, la bendición del pan y del vino es uno de los pasos obligados en las dos primeras noches de esta festividad hebrea que dura ocho días.

“Las familias se reúnen, como en Navidad; todos intentan hacer un esfuerzo para estar de una u otra manera, es una vez al año”, explica Nissin Abecasis. En su cena, se juntarán siete personas en una mesa cuidadosamente  preparada por Piedad Abecasis. Aunque hay ocho sillas. “Siempre se deja una más, para el que venga. También se prepara pan y vino para ‘el que venga’”, explica Piedad, aunque no es lo habitual, precisamente porque todos tratan de ir a sus casas. “Lo normal es que, si sucede, uno vaya a la sinagoga; allí se identifica como judío, y siempre alguien le ofrece su casa. No es su familia, pero al menos celebra el Pésaj en familia”, comenta Hachuel. Él y Piedad han llegado a vivir de pequeños otro tiempo en el que “incluso se dejaba la puerta de casa abierta”, lo que ya no se hace por seguridad.

Detrás de cada mesa de Pésaj hay un menú cuidadosamente preparado, y unas reglas a seguir. En este caso, la encargada de montar la mesa ha sido Piedad. De ello se ha encargado a media tarde, y lo normal es cocinar desde unos días antes. La comida también es especial, y aunque supone un gasto extra, “es una vez al año y se reúne la familia”.

Discrección e intimidad

Mientras la Semana Santa cristiana se celebra con un gran carácter público,  las fiestas judías suelen recluirse al mundo familiar. “No hay que buscar ninguna comparación, sería erróneo”, opina Piedad Abecasis. La explicación se puede buscar, más bien, en motivos históricos. “Los judíos han estado siempre muy perseguidos y vigilados, sobre todo en los últimos 2.000 años”, afirma Hachuel.

En estos días resulta difícil identificar a un judío, a no ser que uno tenga la oportunidad de fijarse en pequeños detalles, como que no pueden comer ni beber nada con cereales fermentados (esta regla incluye la prohibición de barras de pan, pizzas, pasta y cerveza, entre otros). Este es quizá uno de los aspectos más aburridos. “El pan sin levadura está muy bueno, incluso algunos amigos nos piden una caja. Pero tras ocho días es algo repetitivo”, asegura Piedad.

Esta fiesta vivida en intimidad ha llegado a causar problemas, como explica Hachuel: “Hace no muchos años se decía que celebrábamos la muerte de Cristo, cuando se trata de una fiesta que se celebra desde hace 3.700 años. Hace falta tener muy malas intenciones para eso”.

“Esta promesa fue la que sostuvo a nuestros ancestros y nos sostiene a nosotros, porque no fue sólo uno el que se levantó contra nosotros para exterminarnos, sino que en cada generación se levantan para exterminarnos. Y el santo bendito Es, nos salva de sus manos”. Los alrededor de ochocientos judíos que viven en Ceuta comenzaron su cena de ayer con estas palabras, las primeras líneas de un relato de obligada lectura en las dos primeras noches de la Pascua Judía. Se trata de la festividad con la que conmemoran el paso de la esclavitud a la libertad de Egipto. “Desgraciadamente, son palabras de rabiosa actualidad siempre. Ahora es Ahmadineyad, antes era Hitler”, explica Jacob Hachuel, uno de esos ocho centenares de judíos que viven en esta ciudad. Se trata de una de sus mayores celebraciones, que coincide siempre con la Semana Santa cristiana porque ambas se rigen por el calendario lunar de la misma manera.Además, existe otra similitud. “Es precisamente la fiesta que Jesús fue a celebrar a Jerusalén con los suyos, sólo que ha cambiado de significado para los cristianos”, apunta Jacob Hachuel. Por ejemplo, la bendición del pan y del vino es uno de los pasos obligados en las dos primeras noches de esta festividad hebrea que dura ocho días.“Las familias se reúnen, como en Navidad; todos intentan hacer un esfuerzo para estar de una u otra manera, es una vez al año”, explica Nissin Abecasis. En su cena, se juntarán siete personas en una mesa cuidadosamente  preparada por Piedad Abecasis. Aunque hay ocho sillas. “Siempre se deja una más, para el que venga. También se prepara pan y vino para ‘el que venga’”, explica Piedad, aunque no es lo habitual, precisamente porque todos tratan de ir a sus casas. “Lo normal es que, si sucede, uno vaya a la sinagoga; allí se identifica como judío, y siempre alguien le ofrece su casa. No es su familia, pero al menos celebra el Pésaj en familia”, comenta Hachuel. Él y Piedad han llegado a vivir de pequeños otro tiempo en el que “incluso se dejaba la puerta de casa abierta”, lo que ya no se hace por seguridad.Detrás de cada mesa de Pésaj hay un menú cuidadosamente preparado, y unas reglas a seguir. En este caso, la encargada de montar la mesa ha sido Piedad. De ello se ha encargado a media tarde, y lo normal es cocinar desde unos días antes. La comida también es especial, y aunque supone un gasto extra, “es una vez al año y se reúne la familia”.
Discrección e intimidadMientras la Semana Santa cristiana se celebra con un gran carácter público,  las fiestas judías suelen recluirse al mundo familiar. “No hay que buscar ninguna comparación, sería erróneo”, opina Piedad Abecasis. La explicación se puede buscar, más bien, en motivos históricos. “Los judíos han estado siempre muy perseguidos y vigilados, sobre todo en los últimos 2.000 años”, afirma Hachuel. En estos días resulta difícil identificar a un judío, a no ser que uno tenga la oportunidad de fijarse en pequeños detalles, como que no pueden comer ni beber nada con cereales fermentados (esta regla incluye la prohibición de barras de pan, pizzas, pasta y cerveza, entre otros). Este es quizá uno de los aspectos más aburridos. “El pan sin levadura está muy bueno, incluso algunos amigos nos piden una caja. Pero tras ocho días es algo repetitivo”, asegura Piedad.Esta fiesta vivida en intimidad ha llegado a causar problemas, como explica Hachuel: “Hace no muchos años se decía que celebrábamos la muerte de Cristo, cuando se trata de una fiesta que se celebra desde hace 3.700 años. Hace falta tener muy malas intenciones para eso”.

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