Rubalbaca ha dicho: “Esto no volverá a pasar. Ni en navidades ni después de navidades”. “Ni nunca”, debió añadir. Hasta por cuatro veces repitió el ministro de Interior la anterior sentencia. (Por cierto: ¿Por qué el protagonismo del ministro del Interior, cuando la crisis dependía de un organismo, AENA, dependiente de Fomento?). Y para apuntillar su frase, la remató afirmando “tenemos los mecanismos necesarios para evitar que esto vuelva a suceder”. La pregunta es, si tenemos esos mecanismos, por qué no se utilizaron antes del viernes pasado.
Desde el puente de semana santa, donde los controladores incontrolados ya mostraron sus colmillos, se veía venir. Se sabía el gran poder que les hemos puesto en sus manos, porque ya entonces lo habían utilizado. Y el Gobierno sabía que, en cuanto se aprobara el Decreto con sus nuevas condiciones laborales, volverían a utilizar ese poder. Y lo han hecho.
Lo que sorprende es que en el ministerio del irrepetible José Blanco, del que depende AENA, nadie supiera la que se venía encima. Que ningún controlador filtrara la decisión de “enfermar” de sus compañeros en ese preciso momento, tiene una única lectura: los secretos en ese colectivo se saben guardar. O, lo que es más probable, sí había ese preaviso y los responsables, con Blanco a la cabeza, decidieron no darle crédito. Ya nos enteraremos.
Que el trabajo de un controlador aéreo es uno de los más estresantes, debe ser verdad. Yo no lo conozco en profundidad, y por tanto no voy a cometer el atrevimiento de negarlo. Pero lo que sí me consta es que, con una buena formación, y, sobre todo, unas buenas condiciones para ese desempeño, no es un trabajo sobrenatural. No son superhombres ni supermujeres quienes trabajan en las torres de control. El problema es cuando acceden a ese puesto personas que no reúnen las condiciones para el mismo, y no me refiero a las académicas, que ésas las doy por suficientes.
En mi ya larga vida profesional en la enfermería he podido ver cómo algunos compañeros han abandonado porque se han dado cuenta de que no soportaban la presión. Ahora son magníficos profesionales en otras disciplinas. Si un controlador no puede soportar esa presión, dedíquese a otra cosa porque la capacidad para dirigir 20 aviones en vuelo no la da una meganómina, como la tensión de un neurocirujano al operar un cerebro tampoco la quita.
El problema de los controladores aéreos empieza y termina en cómo se accede a ese trabajo. El número de controladores necesarios en España es fijado POR LOS MISMOS CONTROLADORES. Así ellos se aseguran que no haya desempleo….ni competencia. Y, además, después de cursar los estudios preceptivos, el aspirante tiene que superar una prueba ante un tribunal FORMADO POR LOS MISMOS CONTROLADORES. Con lo que esa actividad se ha convertido en un puesto de trabajo que pasa de padres (controlador) a hijos (controladores). Solo ocasionalmente y por poderosísimas razones se le aprueba a un recomendado advenedizo (que no pertenece al “club”), que se asegura su futuro y el de sus generaciones venideras.
Este sistema fue consolidado en la época en la que gobernaba Aznar, y no se ha tocado durante todo el mandato de Zapatero, que sigue sin atreverse a coger el avión por las alas. Es lo que tienen los Gobiernos débiles.
Por cierto: La toma de protagonismo de Rubalcaba en esta gran crisis con el primer gesto enérgico que se le conoce a este gobierno en 6 años, y el mutis por el foro de Zapatero, huelen a elecciones generales con nuevo candidato socialista mucho antes de lo previsto.
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