Categorías: Opinión

No tengo fe en los hombres de fe

Circula por ahí un dicho que dice que vivir mirando hacia el pasado es de necios; hacerlo con la vista en el presente es de sabios y vivir con vistas al futuro es de locos. Sin que sirva de precedente, es conveniente, a veces, echar un vistazo hacia atrás para, más que nada, recordar cómo éramos en aquel entonces y cómo hemos progresado, o, en su defecto, cuánto nos hemos entretenido en el camino, o ralentizado nuestra marcha. Le diré, amable lector, que el pasado domingo, en la Radiotelevisión Ceuta, acerté a ver un programa retrospectivo del año 1995. En él, un grupo de jóvenes, chicos y chicas, tal vez, del último curso de la EGB, perteneciente al Colegio Santiago Ramón y Cajal, acompañados por la directora de entonces, doña Ángeles, y uno de los profesores del Centro, señor Calderón Campoy, acudieron a la sede de la Delegación del Gobierno. Fueron recibidos por un funcionario que les enseñó las dependencias y por la Delegada del Gobierno en aquella ocasión, doña Carmen Cerdeira. Ninguna de las alumnas vestía pañuelo. Parecía que la época correspondía a primavera o verano, pues todos ellos vestían ropa fresca, algunos con mangas cortas. Recuérdese la procedencia del alumnado, y ubicación, del Colegio Ramón y Cajal.
¿Y…? Adónde querrá llegar, pensará el amable lector. Pues, como escribió Céline en su “Viaje al fin de la noche”, “es una locura completa ocuparse de algo distinto de lo que se tiene ante los ojos”. Y lo que tenemos ante nuestros ojos en nuestra ciudad es la proliferación sospechosa de vestimentas de carácter religioso, más o menos fundamentalista, con que se están cubriendo mujeres, incluso niñas, de confesión musulmana en Ceuta. Es decir, resulta sorprendente que estas mujeres musulmanas están recorriendo el camino inverso del que se esperaba: sus vestimentas parecen indicar un rechazo explícito a la modernidad. El colmo, en mi opinión, es que una de las jóvenes jugadoras de un equipo de baloncesto que compitió en la pasada “II Copa Primavera” vestía un pañuelo que le cubría cabeza y cuello, unos pantalones negros largos y una camiseta con mangas largas. Para un observador atento a la evolución de la sociedad ceutí este hecho no es en modo alguno trivial. No es desdeñable, asimismo, la presunción de que cierto radicalismo étnico-religioso flota en el ánimo de no pocos elementos pertenecientes al segmento de población arabo–berebere.
“Ceuta será ejemplo de pluralismo religioso para el resto del país”, tituló Paloma López Cortina su escrito del viernes pasado, día 18. ¿Ejemplo de pluralismo religioso?, no, hombre, no. ¿Aún estamos con esas en el siglo XXI? ¿A vueltas con la Edad Media? El único ejemplo que debe ser Ceuta es de una ciudad ilustrada –en el más noble sentido de la palabra–, en donde se cultive el espíritu crítico, y cuanto más lejos de la superstición, del oscurantismo y del fanatismo religiosos será mejor para la buena marcha de la convivencia de unos con otros. Parece que le están dando demasiado vuelo a la cometa de la religión islámica, que, si sigue así, tiene visos de convertirse en algo similar al nacional-catolicismo. Parece que no salimos suficientemente escarmentados del nacional-catolicismo visto que ahora nos quieren meter el nacional-islamismo hasta en la sopa. Que no nos vengan ahora con las excelencias del isl am, cuando todos sabemos que como religión monoteista –como el judaísmo y el cristianismo– es excluyente, o más, con cualesquiera otras religiones, y con las mujeres. Sabemos asimismo que todas ellas tienen un pasado violento y sangriento. Que no nos cuenten historias sobre las bondades del islam, pues, afortunadamente, en esta época el que no está informado es porque no quiere.
A propósito de la foto que ilustra el reportaje de López Cortina, se puede ver con claridad  que las mujeres que han asistido al curso de español han sido situadas allá al fondo, todas juntas y tapaditas. Hasta la Consejera, Mabel Deu, que por razones de su cargo debería estar en primer lugar, ha sido situada atrás, junto a las mujeres musulmanas. Sería por no dejarlas ‘solitas’ allí atrás. Parece que la Consejera también se doblega a la discriminación de las mujeres en el islam –¿claudicando de sus presupuestos ilustrados?– en cuanto aparecen los machos de la tribu. Una vergüenza. En primer plano se han colocado todos los hombres, hasta el ubicuo líder del Tabligh, Maateis. A propósito, ¿esa vestimenta rigorista de la mujer musulmana ceutí cuánto debe a la implantación del Tabligh en Ceuta? Esas mujeres musulmanas pasan por la escuela, por el instituto y/o por la universidad, pero pareciera que la escuela, el instituto y la universidad no pasan por ellas. Decididamente, ni confío ni tengo fe en los hombres de fe. Hay buenas razones para ello.

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