Estoy de acuerdo en que, en estos momentos de emergencia, es prioritario garantizar el sustento diario y proporcionar medios de diversión que atenúen nuestros temores y ansiedades. Reconozco que, en esta situación de alarma, el “pan y el circo” son exigencias básicas pero a condición de que no olvidemos aquellos otros valores que cultivábamos antes de sufrir la pandemia. Me da miedo que desaparezcan las aspiraciones de una vida humana y nos conformemos con garantizar el funcionamiento de las funciones biológicas, esos componentes importantes pero no únicos de los seres humanos.
Para seguir creciendo humanamente no es suficiente con que apliquemos las leyes de la Genética ni siquiera las pautas de la Biología, sino que es imprescindible cultivar los valores morales, estéticos y ciudadanos. Somos personas que nos relacionamos con otras personas mediante diferentes lenguajes, somos sujetos de derechos y de deberes, tenemos gustos y preferencias artísticos y, por supuesto, la exigencia de una vida digna plenamente humana. Por eso, además de alegrarme por la reanudación de la liga de fútbol, aplaudo la apertura de museos y de bibliotecas, y la organización de conciertos musicales.
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