Cuando los políticos señalan el sol levante es que está declinando por poniente y oscurece, que la noche está al caer y, probablemente, no nos alumbren ni sus luminarias. Es lo que solemos temer cuando hablan en público y se muestran lisonjeros y aduladores. ¿Ganar tiempo para cuando llegue el momento crucial? ¿Desviar la atención? ¿Es esto lo que hace el sr. Martínez al declarar que el Gobierno de Ceuta hará todo lo posible para mantener el empleo estructural si hay que liquidar las sociedades públicas deficitarias? ¿Y si hay que liquidarlas dónde piensa alojar el Gobierno del portavoz a esos trabajadores excedentes si Caballas, por otra parte, nos alerta de una deuda para este año de 30 millones de euros? Demasiadas interrogantes, cuando se suma además el crédito de 85 millones pagaderos al 6 %.
En un artículo anterior, “Los cambios que necesitamos”, publicado en este mismo medio el pasado 7 de junio, preveíamos que la avalancha que se precipitaba sobre nuestras cabezas nos arrastraría hacia la intervención de facto, aunque aún no de iure, de nuestra economía. Las últimas declaraciones de González Pons señalando a la responsabilidad última del BCE por los movimientos especulativos sobre nuestra deuda y el próximo viaje del ministro Guindos a Berlín, para entrevistarse con el de Finanzas alemán, parecen apuntar a la intervención inevitable. De este modo, nos parece mostrarse pretencioso el sr. Martínez con sus declaraciones, siendo Ceuta una gota de agua en el mar de España, sometido a tensiones que cada día se muestran más incontrolables. De continuar así, esas tensiones, desatadas por los movimientos especulativos, acabarán no sólo arruinando al Estado del Bienestar sino que someterán a un peligroso estrés a las democracias europeas y ya hemos visto algunos síntomas de ello en las pasadas elecciones griegas y francesas, con el ascenso de fuerzas neonazis y xenófobas.
Pasan los días y el BCE se muestra cada vez más garante de la política del Gobierno alemán, refractario a controlar la situación por querer esquivar la inflación, a pesar de que el FMI alarma del creciente riesgo de deflación para los países con problemas, o sea, Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia también, porque las tensiones y la rumorología interesada ya se están trasladando hacia el país transalpino como una mancha de suciedad que acabará emporcando a toda la economía europea. ¿Y entonces a quiénes venderá sus bienes de consumo Alemania? La situación se complica cada día más ante la indiferente mirada de los tecnócratas de Bruselas y del BCE. La intervención tendrá sus duras consecuencias políticas y de ello da muestra la inquietud reinante en el Gobierno y en el partido que lo sustenta. Ante estos hechos, más que la perorata inútil y vacua del portavoz del Gobierno de Ceuta y el bloqueo del de la Nación, prudente sería sacudirse la prepotencia y abrir vías de diálogo y de consenso con la oposición, porque, cuando llegue el momento, la debacle será en solitario y no habrá ni piedad, ni lágrimas, ni duelo por el caído. Anótelo entre las prioridades de su agenda, sr. Martínez.
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