El manifiesto “una ilusión compartida“, firmado por la élite intelectual y artística de la izquierda, ha marcado la senda azul de la derecha. Bajo la rúbrica de Almudena Grandes, Juan José Millás, Juan Diego Botto, Antonio Gutiérrez y otros; los protagonistas de la ”ceja” han abandonado su identidad de partido para alojarse en el discurso de los incomprendidos. La responsabilidad de Estado por encima de los fundamentos ideológicos de partido no ha calado en la “la creme de la creme” de los intelectuales españoles, sugestionada por el discurso tergiversado de la derecha.
La decepción y el enojo de los manifestados ha inmortalizado la foto del “cabreo” con el rédito electoral para la bancada popular.
Las declaración de uno de los firmantes, Juan José Millás: “Estoy muy decepcionado con Zapatero no ha sabido afrontar la situación. Si después de aquella llamada de Obama -en mayo de 2010, cuando el presidente estadounidense le pidió al español que aplicara los primeros recortes- hubiera dimitido diciendo ‘No puedo hacer esto que me piden porque va en contra de mis principios’, hoy Zapatero sería un mito de la izquierda. Creo que la expresión de Llamazares de que ha traicionado a su electorado es bastante acertada”, muestra el paradigma de una pedagogía política fracasada.
Desde la crítica, cabe preguntarle al señor Millás:
¿Piensa usted que anteponer los intereses de Estado por encima de los fundamentos ideológicos de partido, en una coyuntura de crisis económica internacional sin precedentes, es una traición del gobierno a sus clientes de urnas?
¿Quién gira más a la derecha, aquellos que desobedecen a sus jefes de filas y ceden el cetro rojo a la derecha, o aquellos que en coherencia con las política monetaria comunitaria , obedecen a los dictámenes europeos?
¿Es la dimisión la mejor solución para resolver los problemas de un Estado?
Una vez más, los tentáculos mediáticos de la derecha han instrumentalizado el “manifiesto restructurador de la izquierda” como un panel de artistas e intelectuales armados con el látigo del castigo contra una izquierda, que no ha sabido gestionar los intereses de sus electores en beneficio de una derecha pasiva y espectadora del “jarrón agrietado”.
El incremento de la presión fiscal, o dicho de otro modo, la subida de impuestos hubiera sido el instrumento para la “salida social de la crisis” tan defendida por los ex-protagonistas de la “ceja”. Desde la intelectualidad, cabe recordar a las élites del conocimiento económico, que sería una utopía vender al ciudadano aumentos exacerbados de protección social en sintonía con descensos acusados de sacrificios fiscales. Si hubiéramos hecho aquello que reivindican hoy los firmantes del manifiesto, seguiriamos con los castigos de Europa e inmersos en la espiral de la “pescadilla que se muerde la cola”, o dicho de un modo más técnico, más protección social sin presión fiscal es igual a más endeudamiento y pérdida de credibilidad en los mercados.
Las privatizaciones, recortes sociales, huelga general, guerra de dudosa legitimidad, metiras del Yacolet y la gestión del prestige formaron la huella de aquellos que “sin crisis mediante” gobernaron en el paraíso del “¡España va bien!” y que hoy, la élite intelectual y artística de este país iguala con las políticas de ZP, en un marco de crisis internacional, sin precedentes en el devenir histórico occidental.
* Profesor y autor del blog el Rincón de la crítica.
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