Si una empresa que presta un servicio público, en este caso la línea de helicópteros entre Ceuta y la Península, tiene rotos todos los puentes con las dos administraciones que gobiernan en Ceuta, tanto la autonómica como la general del Estado
y conoce a la perfección que están dándose paso, ciertos ya, para que otras compañías se establezcan en la línea con las mismas condiciones que tiene ahora mismo Ceutahelicopters, lo más normal es que esta empresa se hubiera replanteado todas sus estrategias y durante el mes de agosto hubieran trabajando para que el uno de septiembre se cuente ya con la línea. Porque, en realidad, si todo funciona, el tiempo es el juez insobornable que va restañando las heridas. De haber actuado de esa forma, a lo mejor, hasta nos hubiéramos podido creer que se iniciaría una nueva etapa. Era difícil de creer, pero todo es posible en la vida. Sin embargo, cuando quedan once días para que estemos en el uno de septiembre y la única respuesta que se obtiene de la empresa es que se encuentran de vacaciones, y que hasta la semana que viene no conocerán nada, sobre si comienza a volar el cinco, el diez o el quince, lo cierto es que entonces seguimos cayendo en la cuenta que quien se ha reído de Ceuta y de los ceutíes, no se va a caer como San Pablo camino de Tarso y recupere la luz. Es imposible.





