Sociedad

La tienda de Chico, 21 años en 'Zurrón'

Francisco Díaz Guerrero se hartó de ser empleado por cuenta ajena y abrió una tienda de alimentación por la que es muy conocido en la barriada

Aunque su nombre es Autoservicio de Alimentación, para encontrar este local hay que preguntar por la tienda de Chico; así es como conocen a su propietario, Francisco Javier Díaz Guerrero, que abrió el comercio hace más de dos décadas. “Yo llevaba 18 años trabajando en ‘Amaya’, una empresa grande, y ya me cansé de trabajar para los demás”, explica Francisco Díaz. En esos almacenes, Chico se dedicaba a la parte de charcutería, lo que le llevó a descartar otras ideas para emprender y se decidió a abrir una tienda de comestibles en la barriada de José Zurrón.

A sus 55 años, este ceutí regenta solo el local, aunque hubo una época en la que llegó a tener empleados a su cargo. “Hemos sido tres al principio, pero la cosa ha bajado un poquito y ya estoy solo; es por la situación de las superficies grandes, que cada vez son más”, admite resignado. A pesar de la cantidad de trabajo que asume y la reducción de público, el ceutí se siente afortunado: “No es lo que había antes, pero gracias a Dios sacamos la casa adelante. Son muchas horas, pero no nos podemos quejar”.

Antes de emprender, Chico trabajaba en la parte de charcutería de unos almacenes

Con la llegada del confinamiento y las restricciones sanitarias, Chico tuvo que reducir su horario de apertura. Sin embargo, el miedo a contagiarse en lugares muy frecuentados disuadió a muchos vecinos de hacer la compra en los hipermercados: “Subió un poquito más la venta en vez de ir para atrás”. No fue una diferencia demasiado grande, aclara, pero subraya que le dieron “un poquito más de vida” durante esas horas en las que se mantuvo al frente de la tienda.

En el local se puede adquirir todo tipo de comestibles para completar la despensa: diferentes tipos de panes, frutas, verduras, lácteos o tentempiés. Pero lo más solicitado es un género que Chico conoce bien: la charcutería.

Hasta el local se acerca una clientela variada, con la que Francisco Díaz mantiene un trato muy cercano. Suelen ser compradores habituales, que residen o trabajan en la zona, como funcionarios de Tráfico, amas de casa o personas mayores. “Tengo de todo un poquito”, ríe Díaz. Al describir su relación con el público, a Chico se le iluminan los ojos y su voz se tiñe con notas de orgullo. “Es buena”, indica, y se siente apreciado. Si se pregunta por él en la zona, añade, los vecinos señalarán el camino hacia su tienda.

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