Esta semana, Estados Unidos abandonó la convención de la ONU sobre cambio climático y el IPCC, cumpliendo la promesa de Donald Trump y debilitando el multilateralismo climático. Previamente, también salió del Acuerdo de París. Según expertos como David Widawsky, esta retirada es un error estratégico que debilita la posición estadounidense. La administración prioriza el petróleo y los negocios sobre el medio ambiente y la salud pública. Además, EE.UU., segundo mayor emisor de gases de efecto invernadero, ya no podrá influir en futuras negociaciones climáticas. El resto de países podría limitar este enfoque unilateral en algún momento.
En el año 2013, el gran maestro de ajedrez Jonathan Rowson presentó un informe relevante titulado “A new agenda on climate change”. En su análisis, Rowson señala que el verdadero desafío no reside en los escépticos del cambio climático, que representan una parte reducida de la sociedad, sino más bien en nosotros mismos. Aunque reconocemos racionalmente la realidad del cambio climático, en la práctica nos comportamos como si no fuera una amenaza real.
Según Helfetz y Laurie en 1997, el cambio climático debe entenderse más como un desafío que requiere adaptación que como un simple problema técnico. La diferencia podría asemejarse a la que existe entre tomar pastillas para la hipertensión y modificar nuestros hábitos para llevar una vida más saludable: comer mejor, hacer ejercicio y disminuir el estrés. Sin embargo, como apunta Rowson, no hay alternativas que no impliquen cambios profundos. Por ello, nuestra responsabilidad debe asumirse principalmente desde el rol de ciudadanos y no solo desde el de consumidores.
En este sentido, el investigador británico Tim Chatterton ha destacado la importancia de romper el silencio social en torno al cambio climático. Chatterton sostiene que, si bien existe un conocimiento generalizado sobre la gravedad del problema, muchos evitan hablar abiertamente de ello en su vida cotidiana, lo que perpetúa la inacción colectiva. Según él, solo cuando normalicemos el debate público y personal sobre el clima, podremos generar el compromiso necesario para impulsar cambios reales y sostenidos en la sociedad.
La organización británica Climate Outreach propone renovar la comunicación climática para hacerla más eficaz y socialmente inclusiva. Su enfoque se basa en construir narrativas que partan de los valores, identidades y preocupaciones reales de cada comunidad. Defienden que la comunicación no debe centrarse solo en datos o alarmismo, sino en historias humanas que conecten emocionalmente.
La organización apuesta por la cocreación, implicando a las comunidades en el diseño de sus propios mensajes climáticos. También subrayan la importancia de elegir mensajeros creíbles para cada grupo social. Su propuesta busca evitar la polarización y enfocarse en valores compartidos como la salud, la seguridad y el bienestar. Además, recomiendan presentar el clima como una oportunidad de mejora social y económica, no solo como una amenaza. Finalmente, promueven capacitar a organizaciones locales para que lideren la comunicación climática. El objetivo es ampliar el apoyo social y generar un compromiso más profundo y duradero.
En este contexto, el mismo día que Donald Trump asestaba otro duro golpe a la lucha internacional contra el cambio climático, el Ministerio para la Transición Ecológica ha lanzado la primera campaña publicitaria institucional dedicada al cambio climático bajo el lema: “Confío en vosotros”. El mensaje central subraya la importancia de confiar en el compromiso de la sociedad para afrontar los retos ambientales, destacando ejemplos de participación ciudadana y buenas prácticas. De esta forma se pretende romper el silencio social y generar un debate constructivo sobre el papel de cada individuo en la lucha contra el cambio climático, reforzando la idea de que la colaboración entre administraciones, empresas y ciudadanía es clave para avanzar hacia una sociedad más sostenible, alineándose con las recomendaciones de expertos y organizaciones como Climate Outreach.
Este es el camino para combatir la peligrosa, caprichosa y egoísta unilateralidad de uno de los países más poderosos del mundo, tristemente dirigido por un presidente como Donald Trump, incapaz de sensibilizarse con los problemas de la humanidad.






