Mohamed Chaire (Madrid, 1975) sale de la sede de la Fundación Forja XXI con un diploma y un saco de dudas. Como lleva ya un año y medio en el paro, Mohamed decidió apuntarse a un curso que, tras 190 horas y desde ayer, le acredita como pintor. Aun así, este padre de familia no las tiene todas consigo: “La formación me ha salido gratis –agradece–. Y lo he hecho para aumentar las posibilidades de trabajar. No tenía ningún oficio y tenía que aprender para demostrar a las empresas que sé hacer algo. Pero ya sabes: la crisis...”.
Mohamed se explica así a la salida de un acto que en el que Carlos Torrado, director provincial del Servicio Público de Empleo Estatal, organismo que ha subvencioando la iniciativa, y los responsables de Forja XXI le acaban de dar un título a él y a once compañeros más. Antes de marcharse, les han deseado suerte. La alegría del momento no es tan dulce. “La crisis, ya sabes”, repite Chaire.
A Mohamed le sorprendió su jefe en abril de 2009. Trabajaba en una empresa de construcción y ya estaba fijo. Con un contrato, una mujer y tres hijos, su vida pintaba bien. “Llevaba cuatro años en la empresa. Llegué un día y me dijeron: ‘ya sabes, Mohamed, la crisis. No hay trabajo’. Me pagaron un despido y me quedé sin nada”.
Ahí empezó la desesperación de este hombre. Se acordó de cuando, siendo sólo un adolescente, tuvo que dejar de estudiar para ayudar a su familia. Había muerto su padre en un accidente en Granada y los suyos le necesitaban. Se puso a trabajar en la obra y aportó un sueldo más. El precio a pagar fue la falta de un título que en el futuro podría haberle ayudado a escapar del paro.
Luego, tras años de empleos, llegó el despido y los apuros. A pesar de todo, tuvo la suerte de contar con una hermana generosa. “Vivo en su casa con mis tres hijos y mi mujer. Somos siete en casa. ¿Apretados? Bueno... Yo ya no puedo mantener a mi familia y tener una casa. No puedo. A veces pienso en irme a Marruecos y encontrar allí una casa con un alquiler decente”. Antes de dar ese paso, Mohamed apura los subsidios de desempleo. “Si las cosas estuvieran bien, yo no necesitaría ninguna ayuda. Yo siempre lo digo. Que no me den ayuda; que me den trabajo”.
Ahora, al menos, añade, tiene un título. “Es lo mejor que hago: aprender. Si no hubiera sitios como éste (Fundación Forja XXI), que nos da clases gratis, estaría condenado a estar sin trabajo. La obra es dura, pero mucho peor es la obra de otros países. Aquí, al menos, cuando consigues un trabajo tienes derechos: trabajamos 40 horas, bien, con seguro médico y ganamos mil y pico euros. Y si estamos así es gracias a muchos trabajadores que han luchado”.
¿Y qué piensa Mohamed cuando ve a empresarios acomodados quejándose de la crisis, como Gerardo Díaz Ferrán, presidente de la patronal? “Me da gracia”, sonríe. “Y ponlo en mayúsculas. Me da muchísima gracia”.
El hombre se marcha con el diploma guardado en la chaqueta y, por fin, con cierto optimismo: “¿El futuro? Lo veo bien. Va a ser bueno”. Y mientras se aleja se da cuenta de que ha pasado por alto un detalle. Así que vuelve y pide que quede constancia de que, si al día siguiente alguien lee su historia y quiere darle trabajo, no tiene más que preguntar por él en la fundación.
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