Leía el otro día una nota del PSOE, firmada por Gonzalo Sanz, donde ponía el grito en el cielo por la situación que padecen las porteadores marroquíes. Incluso hablaba de que ahora también hay mujeres de Ceuta que, ante la situación de crisis, igualmente se estaban dedicando al comercio transfronterizo. Abogaba porque una brigada de la Ciudad Autónoma se encargara de este control, de manera principal, por un respeto a la dignidad de estas mujeres. Estoy totalmente de acuerdo con estas afirmaciones por parte de Gonzalo Sanz, pero claro, parece que no tenemos memoria histórica.
Las porteadoras existen en el Tarajal desde que este mundo es mundo. Las recuerdo de toda la vida. Hasta cuando se pasaban las lavadoras cargadas sobre la espalda, un comercio que luego se desvió por Benzú, allá por los años 80 y que le vino muy bien a cierto mando con galones en las hombreras (las estrellas las dejo para ustedes, pero las puntas de esas estrellas eran ocho).
Desde entonces, este país ha sido gobernado por el PSOE, desde el año 1982 hasta 1996; por el PP, entre 1996 y 2004; nuevamente por el PSOE, entre 2004 y 2011 y otra vez el Partido Popular, desde 2011 hasta nuestros días. Pues bien, ninguno de los dos se puede echar a la cara al contrincante de que hayan tomado medidas que beneficien de alguna manera a las porteadoras. Siempre se ha preferido mirar hacia otro lado. Con la excusa de que es un negocio y que se buscan la vida, la dignidad de estas mujeres siempre ha estado pisoteada.
No digo, desde luego, que la solución sea fácil, más bien todo lo contrario. En todo caso, se realizará un experimento cuando se ponga en marcha el Tarajal II y ya veremos entonces si se cumple con esa normativa de que el fardo que no entre en el cubículo allí situado no pasará para el vecino país. ¿Se soportará esa presión cuando comiencen las protestas?
Prefiero que los partidos políticos no hablen de esas cosas, porque como ninguno ha hecho nada, mejor es correr un tupido velo. Es de esas asignaturas que tiene pendiente nuestra ciudad y que son una verdadera vergüenza.





