El hallazgo en la playa de San Amaro del cadáver de un joven subsahariano eleva el cómputo de tragedias registradas en esta semana en el Estrecho. A los cuerpos sin vida llevados a Melilla se suman los que fueron recogidos de las costas de Cádiz. Algunos de origen subsahariano, otros magrebíes, pero todos ellos muertos en el mar, símbolos de una tragedia que permanece, símbolos de un mundo fracturado en el que unos mueren por subsistir y otros ni saben qué significa eso porque nunca han atravesado momentos extremos.
La inmigración sacude en su visión más trágica y evidencia que algo no funciona. Las muertes siguen produciéndose en el mar, como siguen funcionando las pequeñas redes encargadas del tráfico de personas y que se alimentan precisamente de ese gran diferencial social.
Este año, sin duda, ha batido un récord en número de embarcaciones que han buscado unas travesías imposibles. Este año las tragedias se pisan unas a otras corriendo el riesgo de desfigurarse en torno a un drama que ya, por repetido, pueda no interesar. Las vidas perdidas de muchos hombres y mujeres engordan la mayor de las tragedias a la que la vieja Europa nunca ha sido capaz de ponerle el punto y final.
El Tribunal de Primera Instancia de Larache (Marruecos) ha absuelto a Wafaa Jarida, una mujer…
CEMSATSE –sindicato con mayor representación en la Mesa Sectorial del Ingesa– ha vuelto a salir…
Los servicios de Aduanas de Marruecos, en coordinación con sus homólogos de seguridad, han frustrado…
Hay rescates que quedan grabados para siempre. El del pasado domingo 13 de septiembre fue…
Blung ha llevado el nombre de Ceuta hasta Granada y lo ha hecho con música.…
Nueva crítica al operativo de la Policía Nacional activado este viernes para el traslado de…