Las restricciones impuestas en toda la ciudad también llegan a los medios de comunicación. Nuestro trabajo se vuelve más complicado, al margen de multiplicarse debido a la presión informativa centrada solo en el coronavirus; nos vemos obligados a asistir virtualmente a ruedas de prensa que se han transformado en los típicos ‘mudos’: comparecencias sin preguntas. A esto se han acostumbrado las administraciones porque los propios medios de comunicación se lo hemos permitido. Lo que empezó hace años como el amago de algún partido político se ha convertido en imposición por nuestra culpa y así nos topamos con los máximos responsables de turno que se ponen delante de una cámara, leen el contenido de un folio y se despiden. El periodista se topa con una grabación que puede seguir en directo y que impide el traslado de las dudas surgidas. Ya saben: las administraciones responsables emiten el mensaje que quieren y evitan que los profesionales de la información puedan replicar y cuestionar lo que cualquier ciudadano haría.
Esto, en una situación de crisis como la derivada del coronavirus, se convierte en intolerable. No podemos preguntar a los responsables, por ejemplo, a qué se debe el flujo continuado de caravanas procedentes de Marruecos y de europeos atrapados para sacarlos de Ceuta a la Península con toda celeridad mientras se desprecia al residente, impidiéndosele el regreso a su ciudad desde Algeciras, ofreciéndosele como única alternativa una dirección de correo electrónico a la que no se le ha dado la publicidad oficial obligada y que no es lo efectiva que debiera -y a las quejas de los sufridores caballas con nombres y apellidos me remito-. No podemos preguntar tampoco si hay una coordinación plena entre la Ciudad y la Delegación del Gobierno, ni cómo es posible que se haya permitido esa dejación de funciones absoluta hacia el colectivo de transfronterizos que durante días han permanecido en las calles solo bajo la atención de voluntarios y oenegés, en pleno estado de alarma y con veto a la estancia en la calle. No hemos podido pedir responsabilidades, aunque hemos asistido a muchas escenas de quejas por la falta de actuación de unos y de otros, sin que nadie se preste a responder más allá de la lectura de unas consignas preparadas.
La población contempla una entrega de noticias por sorpresa, nadie comparece para explicarlas, no existen canales de transmisión que sean todo lo trasparentes que debieran. Es un modo de proceder pésimo, fiel reflejo de una forma cobarde de dirigirse a unos medios que solo son los transmisores de una sociedad a la que, con gestos así, sencillamente no se le respeta.
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