En Ceuta no se habla de otra cosa: la moción de censura. Hablan todos menos los que deben: el primero, el alcalde Vivas y después los partidos políticos que prefieren callar por eso de alimentar el morbo. Y claro, del tema de debate se pasa a las mil y una historias cuando aparecen en escena los personajes que ya saben hasta el final de la película. Y es que para eso de contarlas en Ceuta hay auténticos artistas capaces de narrar la última entrega de la saga de El Padrino. Con corruptos capaces de sacar 800.000 euros para comprar la voluntad de cualquiera, con asesores que arreglan todo para que el regalo parezca legal, con chantajistas con experiencia que tan pronto te difunden un montaje como se hacen los jubilados para aparentar que los tiempos pasados nunca volverán. Es pura diversión en ese cúmulo de chismes al que cada uno le pone un nombre y una fecha.
Y en esas estamos, en uno de los peores tiempos para el futuro de esta ciudad, si es que alguien es capaz de contarnos qué futuro tiene después de haber vivido entregados al contrabando de una frontera que convenía y que ahora está herida de muerte para Ceuta y Melilla sin atisbo de cambio. En esas estamos, en la saga de El Padrino mientras cierran comercios y los que se crean no encuentran yacimiento para aguantar. En esas estamos, apostando por mercados de creación de puestos de trabajo que no son tales ya que la pirámide demográfica de este pueblo está dejando a una franja cada vez más notable de jóvenes que no saben a dónde mirar cuando les toque ser hombres y mujeres obligados a sacar un trabajo adelante. ¿Qué trabajo?, se preguntan. Y en Ceuta desde luego no van a encontrar respuestas ahora y, menos, en un futuro inmediato. Aquí tenemos demasiados aficionados a eso de la gestión pública, demasiados aspirantes a político que tan solo han servido/sirven para colgarse un traje dedicándose más tiempo a las conspiraciones y al balcón de las redes suciales que a luchar por la ciudad. Para eso son los primeros.
Los muditos de la política callan, alimentan los culebrones, generan debates en la ciudad de los intereses y de los espías: nunca hubo tantos por kilómetro cuadrado. Mientras tanto, muchos nos preguntamos en qué futuro estarán trabajando por una Ceuta que va arrastrando cada vez más heridas que parecen no importarles a los que están obligados a aportarlo.
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