La gran cantidad de basura y restos de asentamientos existentes en los montes los ha convertido en puntos de riesgo. Es tal el abandono en que se encuentran que la inacción respecto de este estado supone una clara connivencia que debe ser atajada de inmediato. El daño medioambiental que se está produciendo es irreparable y lo peor es que la situación cada vez va a peor. Urge una acción coordinada para iniciar campañas de limpieza intensivas. No se puede hacer recaer esta labor sobre los hombros de los grupos de voluntarios que demasiado hacen en su tiempo libre por limpiar lo que otros manchan. Nunca habíamos llegado a este extremo y eso que tan solo se ha visto un mínimo tanto por ciento de la situación real de ese gran estercolero en el que se está convirtiendo el espacio común de todos.
Al incivismo de muchas personas se añaden los asentamientos abandonados junto a otros ocupados que se han permitido como algo normal y que están causando un daño irreparable, no solo en los montes, también en los acantilados. A las denuncias de los grupos de ecologistas y de ciudadanos anónimos se han sumado las específicas sobre problemas concretos como los sufridos para la reproducción de gaviotas en el Recinto. Las advertencias de la SEO han caído en saco roto, han tenido como respuesta la indiferencia que expresa la burla a todas estas quejas.
Cierto es que la consideración y el respeto al patrimonio y al medio ambiente brillan por su ausencia por mucho que nos vendan todo lo contrario, pero se ha llegado a extremos tan sonrojantes que no pueden permitirse porque con esa inacción nos estamos cargando el mantenimiento de unos espacios comunes que otros deben heredar. Es un delito consentido de falta de respeto a próximas generaciones, es un desprecio a la naturaleza y una muerte gradual y permitida de lo que estamos obligados a proteger.
Ceuta está extraña, el comportamiento de pasotismo absoluto y de caída de brazos ha llegado a unos límites de derrota social que darían para una tesis sociológica del momento crucial en el que nos encontramos. Si esto se permite es que hemos perdido algo más que la capacidad de indignación y movilización social. No es solo la limpieza, no es solo el estado de los montes vertederos, es también que nos dé igual todo lo que acontece a nuestro alrededor, como si nada.






