Nos vino a ver la ministra Montero. Llegó, apadrinó la lista del PSOE e invitó a llevar en parihuelas a la Presidencia de Ceuta al candidato Gutiérrez. También soltó las perlas, falsas por supuesto, que siguen eligiendo los socialistas para presentarse en sociedad. La mejor esa de “somos el partido de los derechos humanos”.
El mensaje lo habrá aprendido del compañero Marlaska, el que olvidó la toga de juez para permitir políticas intolerables en la valla o el mismo que nos invita a dormir en un contenedor en donde solo falta el aire acondicionado. Vaya, muy humanitario no debe ser lo que defiende su gobierno y callan todos los que son capaces de vender hasta sus ideales por el aplauso fácil.
Montero, la risueña, la que dice que ningún hombre o mujer tiene que arrodillarse para tener comida o lograr un futuro para su hijo, nos vende ese mundo ideal que conoce y que jode escuchar cuando para tener que llevar un sueldo a casa medianamente digno muchos y muchas (como dice Montero por la igualdad) tienen que hacer malabares para al final toparse con que el futuro para sus hijos no es precisamente el que uno quiere sino el que le dejan optar.
Montero tira de lo fácil para honrar al candidato que quiere llevar en parihuelas. Y lo fácil es echar mano de culebrón, ya saben, la historia del chico de barrio que terminó siendo presidente. La ministra, venida arriba, le pide que no se avergüence de sus orígenes del Sarchal: “Ay, Juan, de aquellos que estigmatizan vivir en un sitio porque consideran que ser pobre es ser delincuente”.
A la ministra le debieron contar la historia del chico de barrio a la mitad, le faltó dar el saltito del Sarchal a un ático de la calle Real, que no es lo mismo.
Siempre nos quedará una ministra para pasear los clichés por estas tierras y estómagos agradecidos que aplauden lo que no saben que no cuadra con la realidad, la de muchos.






