Solo basta con estar un rato en su casa para que la humedad cale los pies. Ni zapatos ni ropa impiden su paso. Prendas llenas de moho, trozos de techo caídos y filtraciones de agua inundan esta vivienda de Ceuta.
Tras estas seis estancias está Mohamed Alí Ahabrach, un vecino que habita bajo un techo repleto de condiciones infrahumanas. El paso de las borrascas de los últimos días ha agravado la situación del inmueble localizado en la barriada del Príncipe.
Al recorrer las distintas habitaciones, se aprecian charcos esparcidos por todo el suelo. El agua de lluvia abunda, pero la luz escasea. Solo cuenta con dos bombillas que lo alumbran por un cableado que cuelga por la pared.
Conforme se avanza por ellas, se hace necesario el uso del móvil para poder iluminar y ver. Muebles en mal estado, una bicicleta, zapatos con moho y otros enseres se acumulan.
Tanto él como su sobrina y algunas vecinas aseguran que no quiere nada fuera de lo común. Solo pide que le echen una mano para arreglar el techo, que se encuentra en un estado de deterioro avanzado.
Tablas de madera carcomidas, algunas rotas o colgadas, tapan la techumbre. La última sala de su casa es la más afectada. El cemento se desprende y, a través de las vigas de hierro, se cuela el agua. Entrar a este espacio es como estar bajo una ducha.
De hecho, ni él mismo entra a esa estancia. Al entrar, lanza una advertencia. No quiere que se esté mucho tiempo en ella. Teme que se caiga. Tampoco es habitable su cuarto. Duerme en la cocina, donde tiene una cama puesta.
Convive con su hijo, que pasa la noche en el salón. Mohamed no tiene ingresos. Solo la generosidad de los pocos seres queridos que tratan de llevarle comida. “Antes trabajaba arreglando antenas, pero ya de eso no hay”, explica con visible pesar.
Tampoco sus allegados tienen recursos suficientes como para atender su situación. Es por esta razón por la que hace un llamamiento para ver si alguna entidad o algún ceutí puede darle alguna solución.
A la precariedad en la que vive día a día, se suman sus problemas de salud. Asegura que experimenta problemas de ansiedad. Las manos las tiene hinchadas y llenas de rojeces.
Vivir en una casa con condiciones infrahumanas no es el único problema que afronta. Mohamed lleva años sin tener en regla documentación. Afirma que necesita a alguien que le asesore para saber cómo resolverlo.
Llegó con catorce años a la ciudad. “Todos en el Príncipe lo conocen”, dice una de las vecinas. A sus cincuenta años su circunstancia actual lo lleva a no poder presentarse a ofertas de empleo.
No es la única consecuencia. Tampoco pueden asignarle un médico de cabecera que lo atienda en consulta cuando lo necesite. Solo puede recurrir al servicio de urgencias cuando enferma.
Al mismo tiempo que relata su historia, enseña su casa. Al llegar a su cocina, enseña cómo ha cubierto de forma improvisada el televisor. Lo tapa con una bolsa de plástico para. “Tiene eso puesto porque si no el agua se lo carga”, manifiesta.
“Parece Batman, ¿verdad?” bromea. Por un momento luce un leve brillo en sus ojos. A pesar de la deplorable situación en la que vive, Mohamed trata de sonreír y de despejar su mente. Son todos los problemas que padece lo ha llevado a hacerse eco en este medio.
Su intención es obtener alguna alternativa que lo empuje a poner fin a las condiciones infrahumanas que padece. Su familia ofrece su número de contacto, el 617 48 82 00, por si alguien está interesado en ayudar.
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