Categorías: Opinión

Miscelánea

Si bien es cierto que se debe imponer la racionalización en la estructura del aparato político y burocrático del conjunto del Estado en sus  distintos niveles (nacional, autonómico, provincial y municipal) para aligerarlo del exceso de cargos públicos, personal de confianza, asesores, etc., evitar la duplicidad en la prestación de servicios y eliminar organismos innecesarios, no menos cierto es que el esfuerzo que se está haciendo por parte de los empleados del conjunto del Estado, los recortes que están sufriendo todas aquellas áreas de prestación de servicios netamente sociales, la rebaja de las prestaciones por paro y el resto del conjunto de medidas con cuya aplicación se quiere ahorrar unos 65.000 millones de euros, está aún por debajo de la ayuda que se ha ofrecido por parte de la UE al sector financiero de 100.000 millones de euros. A aquellos dineros hay que sumar los 30.000 millones del Plan de Proveedores y los 18.000 millones del Fondo de Ayuda a las Comunidades Autónomas. No es fácil cuantificar la deuda del ladrillo, pero sea cual fuere la cifra exacta, con toda seguridad superaría con creces el diámetro del déficit de todos los organismos oficiales. Con esto quiero aclarar que nuestro problema no viene principalmente inducido por las plantillas de aquellos, sino por el volumen de la deuda privada originado por la mala gestión financiera y la ausencia de una política de control  riguroso por parte del Banco de España. Hay países que no están sufriendo la crisis con el encarnizamiento que la padecemos nosotros y tienen una ratio superior de empleados públicos por número de habitantes. Por tanto, ya es hora de desvincular una cosa de la otra y dejar bien claro que nuestro problema principal, aunque no el único, es la deuda del sector financiero. No estaría demás, por cierto, exigir a la UE que se desprenda también de los “michelines” que retardan la toma de decisiones políticas y no acompañan los ritmos de los procesos transnacionales desencadenados con la crisis financiera. Si quieren cura de adelgazamiento para los Estados miembros que también se la apliquen.
Como en toda situación de crisis el pastor va a reunir a todo el rebaño para cerrar el aprisco ideológico y exigir la unificación de métodos y mensajes. Se va a poner en práctica, pues, la uniformización del discurso del PP en lo referente a la crisis para respaldar masivamente todas las propuestas y las políticas que salgan del Gobierno con una sola voz y sin titubeos. Por supuesto, el sr. Vivas siempre se ha mostrado como un abanderado de las medidas del Gobierno de Rajoy y lo ha vuelto a demostrar cuando de nuevo ha desviado la responsabilidad y la atención hacia el anterior Presidente de Gobierno, el sr. Zapatero, de infausto recuerdo, para ahorrárselas a su jefe de partido, el sr. Rajoy. Volvemos al “y tú más” (aunque bien pensado nunca nos fuimos) con el juego del trile político. Es obvio, como dice, el sr. Vivas que sólo se puede salir de la crisis con esfuerzo y sacrificio, pero, por favor, que no se embrolle tanto, explique todo con claridad y precisión, para que el ciudadano recupere algo de la confianza perdida en la política y, sobre todo, que reparta las responsabilidades debidamente y no cargue sobre los hombros del ciudadano común las servidumbres que debieran soportar otros.
En fin, amigos, adquiere todo un matiz tan divertido, que, se está desarrollando un borrador de Decreto Ley por el que se pretendería amordazar a los militares en el ejercicio de sus funciones, para evitar las críticas a sus superiores mediante el uso inadecuado de los medios informáticos que se ponen a su disposición para el mejor desempeño de la profesión, como ordenadores y programas, o bien, mediante la difusión privada de opiniones, críticas y quejas de las órdenes de sus superiores, entre quienes se encuentran no sólo los de la estructura militar y el propio Rey, sino civiles como el Presidente de Gobierno o el Ministro de Defensa. A buenas horas, mangas verdes. Esas cosas ya las sabíamos, sino de qué manera iban a resultar las distintas armas del Ejército un colectivo disciplinado. En fin, no creo, que éstas vayan a ser las peores restricciones que nuestros militares vayan a sufrir, sino las que como cualesquiera otros de los que cobran del Estado están padeciendo. Otro brindis al sol de un Gobierno, que, sobre las pistas que nos dan los hechos, no sólo no ha cumplido sus promesas más aireadas de compromiso con el electorado, sino que ha demostrado ir sin rumbo por no tener plan alguno de repuesto por si fallaba el primero.

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