Hace unos días, me comentaba un padre que su hija había superado el EIR y que, por la puntuación obtenida, en tan complejo examen a nivel nacional, podría cursar la formación de enfermera especialista en Obstétrico -Ginecología (Matrona) en Ceuta, pero que al tratarse de esa ciudad había renunciado a dicha posibilidad.
Desde el momento mismo en que ese padre me trasladó la decisión de su hija y, pasados unos días de ello, no deja de retumbarme en la cabeza tal negativa, pues se trata de una renuncia a una formación de primer nivel, como es la que se imparte en el hospital ceutí, además de mostrar una inmensa ignorancia hacia una ciudad a la que no ha viajado nunca, pero que, por desgracia, y en concreto desde la península, goza de un desprestigio y de un rechazo, tan potente como infundada.
Mis hijas, desde el primer momento en que aparecieron sus nombres en la adjudicación del Distrito Único Andaluz y así poder cursar el grado enfermería en la perla del mediterráneo, no lo dudaron, no lo dudamos sus padres; tanto es así, que, en nuestras frecuentes visitas a esta bella y coqueta ciudad, hemos ido trayendo a familiares y amigos para compartir momentos de ocio, cultura y rutas gastronómicas de esta ciudad; y todos los que la han conocido han quedao prendados ya fascinados.
Mi hija, que tituló en el grado de enfermería hace ya dos años, formándose parcialmente en esta facultad ceutí, ha prestado servicios como enfermera en dos sistemas autonómicos de salud, en una mutua y en un hospital privado y en todos ellos ha demostrado una excelente preparación y formación profesional.
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