Opinión

¡Qué mire el móvil su puta madre! y yo también

Ahora ando terminando un mueble de IKEA de nombre impronunciable que dejé a medias en Navidad y que seguramente ha sido fabricado en algún país del quito pino. Eso sí, donde pagan lo mínimo. La directora financiera de la república ‘dependiente’ de nuestra casa, mi señora, sin haber leído nunca a Friedrich von Wieser, y desconociendo en absoluto lo que es el coste de oportunidad –ni falta que le hace-, después de hartarnos de andar por las sendas sin retorno de las gigantescas entrañas de ese comercio me convenció de convertirnos en eventuales mozos de almacén y aprendices de carpinteros.

Llega un punto en el que reflexionas y te das cuenta que ellos nos manejan. Si vas a la gasolinera, tú te echas la gasolina y te conviertes en su empleado gratuito. Si pasas por las nuevas cajas ‘sin cajeras’´ de las grandes superficies, también. Por no hablar de la banca. Tú pones tu hardware, pagas la conexión y te hacen empleado de su banca sin pagarte ni un chavo. Llevamos un chivato en el bolsillo con su pantallita que nos venden cómo algo fundamental para comunicarnos mientras nos atropella un coche por contestar a un whatsapp de cualquier gilipollas. Ya no les hace falta ni cadenas ni correas, nosotros mismos nos anillamos cómo las palomas con los relojes que les dan información de nuestro interior y nuestra salud. Codiciamos lo que vemos y ellos se encargan de enseñarnos lo que no necesitamos: qué comer, qué vestir, qué comprar, qué desear, cómo pensar…

Está bien claro que estos avances, a este ritmo tan brutal, desproporcionado, injusto e inhumano ya me producen demasiado vértigo. Terminaremos convertidos en seres biónicos dominados por complicados algoritmos. Menos conocido que Orwell, Aldous Huxley describía en su novela ‘Un mundo feliz’´ a una humanidad que asumía con beneplácito su esclavización, y poco se equivocaba.

Por suerte todavía te puedes encontrar a algún buen amigo con el que compartir una buena charla y unas cervezas. Los que tenemos ya una edad nos vamos quedando de espectadores pacientes, supongo que estaré entrando en la etapa de contar batallitas. Así que habrá que aplicarse eso del pensamiento positivo y disfrutar de las cosas más sencillas que todavía no les interesan a los del mercadeo compulsivo.

En fin, yo soy más listo que todos ellos y que todos sus algoritmos, además me he dado cuenta de que soy un buen aprendiz de carpintero, de mozo de gasolinera, de cajera de supermercado, de empleado de banca, que soy libre, y lo más importante es que… (¡Vaya!, tengo que dejarles que me está sonando el móvil).

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