Hace ya unos cuantos años que salió adelante una propuesta plenaria que perseguía visibilizar el rechazo a la violencia de género con un minuto de silencio a las puertas del Ayuntamiento. Los primeros actos de este tipo conseguían reunir como mucho a 50 personas. Nunca, ni en sus inicios, constituyó una forma de unión social. Y no porque la sociedad no rechace este tipo de violencia -que existe por muchos y muchas que lo nieguen- sino porque quizá no era la forma de conseguir el objetivo con una cita a las 12. De ahí, la iniciativa fue degenerando a una foto de grupo protagonizada por no más de 10 personas. Siempre, por cierto, las mismas. Una foto de grupo dispuesta en un momento que queda bien en la agenda, así si asesinan a una mujer un viernes por la tarde el minuto de silencio no se guarda hasta el lunes. Si en ese fin de semana ha muerto otra, la institución hace un 2x1, como en los supermercados, y en el lote mete a todas. A eso hemos llegado. Lo peor es que hay quienes mientras dura el minuto de silencio sonríen a la cámara o quienes llegan tarde y solo ponen cara de pena 20 segundos para, después, romper en carcajadas por la ocurrencia de alguno de los presentes. Últimamente los minutos de silencio se han convertido además en convocatorias de canutazos, los partidos políticos aprovechan para hablar de todo y con todos... Esas convocatorias se han transformado en la mejor agenda política.
Si todavía no hay suficiente, asistimos a una vergüenza mayor. La Ciudad organiza un minuto de silencio por una víctima mientras que la Delegación, el mismo día y a la misma hora, fija otro para visibilizar ese mismo rechazo. Ahora, de unos asesinatos hacia acá, se ha sumado al paro el Ingesa. Hay, no obstante, muertas que se les pasan. Y hay asesinatos que solo condena la Delegación o solo la Ciudad, será que no cuadra en la agenda. Las muertes, sí, también se olvidan.
Al rizo de los rizos le faltaba algo. Más minutos de silencio, esta vez en contra de la violencia intrafamiliar porque, dicen los que lo respaldan, que hay que condenar todo tipo de violencia. Así meten en el mismo saco todo: hermano que asesina a hermano, hijo que mata a padre... pero se les olvida la mujer o las mujeres asesinadas. Y tenemos otro minuto al que solo acude un puñado de personas.
No sé en qué momento de nuestras vidas decidimos perder el escaso fundamento que nos quedaba. No sé en qué momento acordamos hacer tanto el ridículo. No sé en qué fase decidimos superarlo. Pero sí. Está pasando. Y lo peor es que nada arreglamos, al revés, empeoramos las cosas sin límite. Ahora nos peleamos por qué asesinato tiene mayor condena. Así somos.
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