Entre las acusaciones de despilfarro por los 9 millones que costará renovar la Gran Vía, y los 9 diputados que alguna, y poco rigurosa, encuesta les vaticina, el número 9 se postula como un ogro a la hora de salir airosos en unos tiempos nada propicios a las aspiraciones de la formación azul.
Lo que aparentemente es un gasto superfluo y excesivo, la remodelación de una de las calles principales de nuestra ciudad, está convirtiéndose en un lastre para los argumentos a favor de una gestión económica que, sin haber sido excelente, es la que ha sabido transformar de una manera eficiente el fondo y las formas del urbanismo, mantenido ampliado y dotado de cierto control y calidad unos servicios públicos que, aunque lejos de la perfección, tienen mucho de lo que presumir frente a administraciones de otras ciudades, y preservado del desastre y la intervención a unas cuentas municipales con demasiadas cifras en rojo.
Sería un error, por parte de una oposición con constantes disputas internas, pensar que Juan Vivas ha perdido la cabeza o que empieza a mostrar signos evidentes de cansancio. Subestimar las capacidades políticas de quien ha obtenido y revalidado las mayorías absolutas más aplastantes de la democracia es un desacierto político. Estaría mejor para ellos recapacitar sobre sus debilidades internas que no pueden mantenerse a puerta cerrada, y las incuestionables habilidades políticas de JV que percibe estas flaquezas y las aprovecha para seguir dejando su sello en una ciudad que sus políticas urbanísticas transformó.
Aventurar una caída de más del 25% a la sede de Ainara es exponerse mucho al error, más viendo como la oposición muestra serios síntomas de descomposición. La pérdida de apoyo de los populares no tiene necesariamente porqué traducirse en una pérdida de diputados tan brusca.
Para ello también tendría que aumentar el apoyo a los partidos de la oposición, es decir, o un desplazamiento del voto, o la aparición de nuevos votantes, o la suma de ambos factores concretos.
Los populares no sólo tienen que luchar para evitar perder votantes, una hemorragia evidente que ya mostró su cara en los últimos comicios, y que podría acabar con la hegemonía del partido en la ciudad; sino también saber captar nuevo electorado, e impedir la volatilidad, el traspaso, del mismo.
Tal y como se presenta hoy día la oposición resulta difícil votarles, pero no imposible. En su conjunto van ganando adeptos y votos, y por mucho que el voto se atomice, y por tanto el resultado, no hay que perder de vista que no hay nada que una más que un enemigo común, y este podría ser un nuevo gobierno del PP.
Ningún partido está a salvo del desgaste, mucho menos gobernando; por eso es esencial no incomodar al electorado ni con aventuras, ni con titulares que siempre pillan con el paso cambiado a quién debería controlarlo todo.
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