La cadena de las situaciones más extremas que se vivieron en el espigón del Tarajal se rompió con los niños. Agentes de la Guardia Civil de Ceuta tuvieron que sacar a bebés del agua a punto de ahogarse después de que miles de personas emprendieran la carrera desde Marruecos.
Son las imágenes más duras y las más difíciles de entender. En el agua había bebés prácticamente recién nacidos sobre flotadores, bebés rodeados de gritos, tensión, grupos nadando, corriendo, buscando adelantarse unos a otros y aplastándose.
Casi cien personas han muerto en el Tarajal y aún quedan cadáveres por retirar. Sobre ese mar de flotadores, angustia y temeridad, los bebés formaban las imágenes más impactantes y las que psicológicamente causan mayor impacto.
Los guardias civiles salvaron a muchos de esos recién nacidos liberándolos de un clima de angustia brutal que pretende ser zanjado con discursos vacíos alejados de la responsabilidad de estos hechos.
Esa masa de personas acudió al espigón movida por mentiras y animada por una absoluta falta de vigilancia marroquí.
Esos hechos han costado vidas y han puesto en riesgo a muchas más.
Entre esa absoluta locura asoman imágenes asociadas a los milagros. Bebés en manos de guardias civiles erigidos en salvadores, criaturas que no murieron ahogadas gracias a la determinación y rapidez de los agentes.
Esto ha pasado en el espigón de Ceuta, erigiéndose en la mayor de las catástrofes vividas en un espacio fronterizo.
Son pocos los vídeos que se han visto, las escenas en las que la vida ganó a la muerte son cuantiosas. En el mar ha pasado de todo. El Servicio Marítimo sacó a una mujer embarazada con su bebé amarrado a la espalda, también a niños solos muy pequeños.
Los GEAS han chocado con una dura realidad: sacar cadáveres del fondo del mar, pero también evitar que esa cuenta aumentara.
Fueron horas interminables de angustia, de presión, de una situación completamente desbordada.
Familias al completo han sido protagonistas de una búsqueda por llegar a Ceuta a costa de lo que fuera. Y esa brutalidad en el pase mientras Mohamed VI seguía con sus celebraciones dejó momentos tan terribles como estos.
Esos bebés no recordarán lo que sucedió entre el 30 y 31 de julio, pero sí los guardias civiles que sacaron a criaturas que podrían ser sus propios hijos, las aferraron contra su pecho y evitaron que fuera uno de esos cadáveres que hoy se acumulan en la morgue improvisada creada en el antiguo hospital militar.
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