Las hay. Mil maneras y un millón. Las que quieran. Todas son posibles. En elecciones más. El nivel se supera en cada convocatoria y lo peor es que todos se prestan a ello. Queda la campaña y los veremos bailando salsa en la Gran Vía, tiempo al tiempo. Aquí ya por un voto no solo se vende a una madre sino que se pierde la vergüenza.
Yo que pensaba que no iba a ver bailar al alcalde aspirante a la renovación, Juan Vivas... pues lo hizo. Y superará aquello de los “cipotes”, en las municipales de 2019, ya verán. Si hemos asistido a la ‘guerra’ de los iftar, de las encuestas y de las denuncias ante la Junta Electoral, ahora pasaremos a la escenificación de las contraprogramaciones y las ideas innovadoras en campaña.
El PSOE ya nos está sorprendiendo con esos vídeos de zoom mareante y la difusión masiva hasta en los foros de ‘se compra, se vende, se regala’ de todas las imágenes con los amaneceres que presencia el candidato más enamorado por Ceuta, o eso dice. Ahora se inventan una canción, mañana lo superarán.
El nivelón al que nos enfrentamos hará historia, seguro. Quien más quien menos pide su papel estelar. Hasta lo hacen los de Vox paseando su puesto tenderete y ese sentimiento de querer seguir con la bronca para ocultar la falta de programa. El ruido vende, pensarán aquellos que piden respeto sin ofrecérselo ni a la propia Ceuta ni a ellos mismos.
En nada nos metemos en carrera electoral, se cuentan los tiempos para ir comiendo jornadas a la gran apuesta por repartirse el gobierno. Hemos empezado demasiado pronto, tanto que hasta algunos quisieron convertir la Semana Santa en la antesala de la petición del voto.






