Ceuta es lugar de paso para la inmigración clandestina que consigue sortear la frontera sur de Europa. La práctica totalidad de sin papeles que pisa suelo caballa tiene en su mente cruzar en breve a la península.
Entre esa población, hay una que se está convirtiendo en un auténtico quebradero de cabeza para la Policía: los argelinos. Su entrada viene ayudada por la permeabilidad de una frontera en la que el control sobre las miles de personas que la cruzan a diario es imposible. Sus rasgos ayudan a entremezclarse con la población marroquí causando despiste y la disposición de documentación falsa ofrecida por las mafias son los pilares que alimentan una entrada que, en los últimos meses, está siendo dominante.
Ese acceso se corresponde con un afecto llamada que es reconocido por la propia Policía Nacional. Los argelinos entran, solicitan asilo político para evitar su expulsión, delinquen en Ceuta y aprovechan cualquier oportunidad para fugarse. El hecho es que lo consiguen y esto no hace más que alimentar las llegadas de otros compatriotas que buscan seguir el mismo camino: cruzar, delinquir y escapar. La Policía Nacional reconoce que buena parte de los delitos violentos que se producen en la ciudad es perpetrada por argelinos a los que no se les puede aplicar una orden de expulsión mientras no haya culminado el trámite de estudio de su petición de asilo. Y así se forma una auténtica bola que es asimilada con preocupación por Extranjería.
Los argelinos buscan mil formas de escapar de Ceuta. En la mañana de ayer, un grupo de 12 lo intentó tras hacerse con una semirrígida a motor. Pretendían salir desde la playa de Santa Catalina, ayudados de un patrón, que se sospecha que sea otro argelino del CETI. La Policía Nacional frustró su escapada, procediendo a la detención de todos los magrebíes a excepción de quien tiene la llave de toda esta historia: el que iba a protagonizar el papel de patrón, que consiguió darse a la fuga. Tras ser asistidos en la Jefatura Superior por Cruz Roja, los 12 argelinos quedaron en libertad, comprobándose que aparecían reseñados como residentes del Jaral.
El grupo consiguió hacerse con la semirrígida, al igual que hace un par de semanas se hicieron con balsas playeras para intentar la misma historia pero tomando como punto de salida la playa de Benítez. Por aquel entonces fue el Servicio Marítimo el que consiguió interceptarlos para terminar cumpliendo el mismo trámite: comprobar su origen, darles asistencia sanitaria y ponerlos en libertad.
Cada día en el puerto se repite la misma historia. La Guardia Civil llega a identificar, de media, a una treintena de argelinos que esperan el paso de los camiones para colarse en su interior. Durante la OPE fueron más de 700 los intentos, habiendo inmigrantes que en un solo día lo llegan a intentar hasta en dos ocasiones. Y así hasta que pasen al otro lado.
La salida oficiosa de argelinos se completa con la entrada clandestina de más. Unos marchan y otros entran, constituyendo una perfecta maquinaria en la que la inmigración y el delito se dan la mano.
La dirección del CETI ha echado a muchos argelinos a la calle, toda vez que no cumplen con las órdenes del centro. Éstos terminan haciéndose con campamentos alternativos que la Policía desaloja aleatoriamente atendiendo las quejas de los vecinos. Es lo que sucede con un casa a medio construir cuyo esqueleto se levanta a los pies de la Urbanización La Colina. Prostitución, reyertas, ingesta de alcohol y robos están a la orden del día en este campamento alternativo. El pasado agosto un argelino resultó gravemente herido tras ser atacado por una pareja de compatriotas que echó mano de barras de hierro. Poco antes, los vecinos tuvieron que solicitar la presencia de la UPR de la Policía Nacional en una noche en la que las borracheras, peleas y explotación sexual de mujeres estaba por todo lo alto.
Frenar esta situación es complicada: las mafias se hacen de oro facilitando el pase de argelinos apoyándose en auténticas redes de captación e información que funcionan con enlaces en Marruecos y Ceuta (e incluso con población del interior del CETI) y el efecto llamada funciona como el mejor éxito para garantizar la continuidad del negocio.
La figura desvirtuada del asilo
Buscando el provecho de la lentitud
Las oenegés se llevan las manos a la cabeza: ¿cómo puede ser que inmigrantes cuyo perfil cumple a la perfección con el de un peticionario de asilo no reclame esa protección? La lentitud en la concesión del asilo ha hecho que subsaharianos de Mali o de Costa de Marfil, huidos de países en guerra, hayan optado por rechazar esta protección, prefiriendo marchar así antes a la península. Quedarse dos o tres años bloqueados en el CETI termina siendo una tortura para ellos, pero no para los argelinos que, curiosamente, sí piden esa protección a sabiendas de que, así, no podrán ser expulsados.
Goteo constante
Acoso constante sobre los camiones
Supone un auténtico desgaste para las fuerzas de seguridad pero es una realidad en el puerto. Los camiones suponen la vía de escape elegida sobre todo por los argelinos. También permanece el acoso sobre los camiones de basura, aunque es mucho menor la presión que se está registrando en la planta de transferencia ubicada en el Monte Hacho.
Salida por mar
En balsas toy o con traje de buceo
El empleo de balsas playeras, de semirrígidas o el uso de trajes de neopreno para colarse en el ferry y lanzarse antes al agua integran otra de las vías que emplean los inmigrantes para intentar marchar hacia la península por la vía no oficial. Si son interceptados por las fuerzas de seguridad, al ser residentes del CETI, no hacen más que llevarlos de nuevo al campamento. Algunos de los argelinos que han sido detenidos tienen un amplio historial delictivo a sus espaldas.
Custodia policial sobre la práctica de abortos
Vigilancia de la Policía Nacional ante la marcha de embarazadas para abortar en la península ... o no: picaresca en forma de fuga
Desde hace unas semanas agentes de la Policía Nacional ‘escoltan’ a aquellas embarazadas, en su mayoría subsaharianas, que muestran su deseo de abortar. Para ello tienen que acudir a un centro de la península ya que estas prácticas no se llevan a cabo en el Hospital Universitario. Las alertas surgieron cuando algunas inmigrantes marchaban al centro de referencia, el Puerta del Mar, para, supuestamente abortar, y después ya nada se sabía de ellas. Era una forma algo cruel de buscar la fuga del CETI. La amplia mayoría de las gestantes, que habían tenido un control de su embarazo en Ceuta, no abortaba. Era una manera de poder salir del CETI. Así ha sido hasta que la Policía Nacional se dio cuenta de esta minoritaria vía de salida, vetándola al momento disponiendo a dos agentes del Cuerpo a modo de ‘escoltas’ para comprobar que la mujer llega a la península y realmente va al Hospital para, después, regresar a Ceuta.









