Homenaje. Este artículo es un homenaje a un aventurero español, Miguel de la Quadra Salcedo, un espíritu indomable que es el verdadero símbolo de la Ruta Quetzal.
El Quetzal (Pharomachrus mocinno), es un ave de extraordinaria belleza que habita en Centro América, concretamente en los bosques húmedos. Para los Mayas era sagrada y símbolo de la libertad, de manera que su caza era penada con la muerte. Sus plumas eran consideradas muy valiosas, utilizándose como adorno del los reyes mayas y aztecas. Después, durante la época colonial, se la denomino “el Ave Rica”, y hoy en día está en vías de extinción por la destrucción del bosque primario, su habitat natural.
Para mí este es el símbolo que mejor representa a mi querido amigo Miguel de la Quadra-Salcedo. Le conocí en 1989, en la expedición “Rumbo a las Selvas del Orinoco”, reproduciendo el cuarto viaje de Colón, cuando el programa se llamaba “Aventura 92”. Desde entonces he tenido la gran suerte y el privilegio de trabajar a su lado. Durante los veinticinco años que he trabajado junto a él ha sido para mí como un padre, un mentor y un gran maestro. De su mano descubrí el amor por América y el verdadero sentido de la aventura y la amistad. Me enseñó todos los secretos de la selva a la que tanto amaba y sobre todo a descubrir al “otro”, al diferente, elevando a las culturas indígenas al lugar que le corresponde en la estructura social, es decir, al mismo nivel que las demás. Para él era importante que los europeos nos diéramos cuenta de la enorme riqueza cultural, histórica y antropológica de los pueblos precolombinos. Recuerdo cuando me decía: “una de mis ilusiones es que los expedicionarios indígenas se sintieran orgullosos de sus etnias y que en el futuro vuelvan a sus comunidades y pueblos para poder ayudarles”.
Reportero
Como atleta Miguel fue un fuera de serie, destacó en muchas disciplinas: waterpolo, rugby (llegó a ser internacional), record de España de levantamiento de peso, catorce records nacionales y otros quince títulos nacionales de lanzamiento de disco, peso y martillo. Además junto a los hermanos Sartorius y Luis Muñoz formó parte de la selección de “bobsleigh” que intentó disputar los juegos de Squaw Valley en 1960. Sin embargo, donde rompió todos los moldes fue en lanzamiento de jabalina, con su peculiar “estilo español” (aprendido del maestro Félix Erausquin), batiendo el record del mundo. Sin embargo, la Federación Internacional no permitió su homologación, no interpretando el reglamento que hasta aquel entonces permitía lanzar de aquella forma, sino anulándolo con carácter retroactivo y cambiando el reglamento a posteriori, algo que no se había hecho hasta el momento. Y no una vez, sino dos veces, para que la injusticia quedara sellada de por vida. Habría que preguntar a la Federación Internacional de Atletismo por qué no invalido también el novedoso salto de altura de Dick Fosbury, quien en vez de utilizar la técnica habitual del “rodillo ventral”, creo el “salto de espalda” de todos conocido en la actualidad, ¿tal vez porque era norteamericano?
El 24 de noviembre de 1956 la vida de nuestro amigo daría un giro trascendental. Los tanques de la Unión Soviética invadían Budapest. España, como medida de boicot, retira a sus atletas del la olimpiada de Melbourne, al igual que hicieron otros dos países. Es aquí cuando para compensar a los atletas por no ir a la olimpiada se les da una beca. Miguel elige Puerto Rico y es cuando descubre América...
Después llego la Olimpiada de Roma en 1960, a la que Miguel llegó en Vespa desde Pamplona. El deporte y los deportistas españoles estaban a años luz del resto. Miguel nos decía: “éramos aficionados comparados con el resto que tenían todo el apoyo y los medios a su disposición”.
Después durante los años 70 y 80 los estadios se le quedan pequeños para su espíritu indomable. Se convierte entonces en el primer reportero español en Iberoamérica y después del resto del mundo. Cubre los acontecimientos más increíbles de su época: el golpe de estado a Allende, la guerra de Vietnam, donde se integra en un comando en la selva para cubrir la noticia de una manera más real, el terremoto de Managua, la muerte del Che Guevara, trabajo por el que recibe el premio internacional de Cannes al mejor documental. Sobre éste último contaba Miguel que cuando llegó entrevistó a los soldados que habían capturado al Che, quienes le contaron que cuando le hirieron, éste les dijo: “no me matéis que soy el Che”. Sin embargo, cuando posteriormente ve el cuerpo ya fallecido del Che, Miguel observa que tiene una herida mortal de bala en el pecho. Esto no cuadraba con el relato de los soldados que afirmaban que le habían herido en la pierna y fue capturado vivo. La conclusión estaba clara, habían asesinado al Che posteriormente durante su cautiverio. Curiosamente en el Congo fue condenado a muerte por filmar un fusilamiento y fueron los cubanos quienes les salvaron. El Dalai Lama también le impresionó profundamente por su espiritualidad, la anécdota que relataba era que gracias a una foto que se hizo con él, viajó por todo el Tibet, recibiendo la hospitalidad del pueblo tibetano allá donde iba. Otra de las historias que me contaba siempre era cuando entrevisto a Pablo Neruda, para lo que se marchó a Chile y se plantó en Isla Negra, donde vivía el poeta, hasta que consiguió entrevistarlo. Y una de las cosas que más recordaba era cuando Neruda le dijo respecto a la conquista española que “los españoles se lo llevaron todo pero también nos los dejaron todo”. Además le decía que había que leer más a Unamuno, Quevedo, Góngora, etc...
Era una maravilla escucharle porque a su extraordinaria e increíble vida llena de experiencias añadía una cultura desbordante. Experiencia y cultura se combinaban de una manera fascinante. Nos contaba estas historias a la lumbre de una chimenea que adoraba porque le dejaba ese olor a humo, el de los nómadas a los que admiraba y de los que se sentía uno más.
El Giróvago
Esta era la profesión que Miguel siempre decía que tenía, la de giróvago: “dicho de un monje: que, por no sujetarse a la vida regular de los anacoretas y cenobitas, vagaba de uno en otro monasterio”. Así se recorrió todo América y así lo contaba siempre para aquellos que ponían como excusa no tener medios para viajar. Después vinieron más aventuras en forma de reportajes como: “la Ruta de la Seda”, “la Ruta de Orellana” “Marco Polo” o sus tres años en el Amazonas, cuando decide embarcarse en una balsa con su mujer y su hijo mayor y recorrer el gran río inspirado por “La Jangada” de Julio Verne, novela que leyó cuando tenía diez años. La llamada del circo fue otro de los aspectos más increíbles de su vida. Durante años formará parte del Circo de Ángel Cristo, mostrando el número que realizaba como domador de leones por toda España. De nuevo la vida nómada.
Ruta Quetzal
En 1979 crea su proyecto más emblemático, una expedición en la que jóvenes de América y Europa conozcan la historia común que los une. Conocida como Aventura 92, luego pasaría a tener diferentes nombres, Ruta Quetzal, etc...
Después de 31 años de expediciones, más de 10.000 jóvenes han conocido las dimensiones geográficas, humanas, antropológicas e históricas del continente americano. Pero sobre todo, se ha creado una hermandad, con unos lazos inquebrantables de amistad que perduran a pesar del tiempo y la distancia, algo único e irrepetible, ejemplo a seguir por todos. Un fenómeno social que une a jóvenes de diferentes nacionalidades y culturas, haciendo que las diferencias sean un factor de enriquecimiento personal.
Tengo muchos recuerdos, pero sobre todo el entusiasmo con el que este gran hombre nos contagiaba a todos. Cada expedición era única. Te hacía sentir cada personaje como propio, ya fuera José Celestino Mutis, Vasco Núñez de Balboa, la Malinche, Félix de Azara, Tata Vasco, Inés Suárez, Moctezuma, Atahualpa, Motolina, Panquiaco, Anayansi, Bartolomé de las Casas, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, el Inca Garcilaso, Francisco de Orellana, Gonzalo Guerrero, la Monja Alférez y cientos de personajes que muchos españoles desconocemos por nuestra gran ignorancia sobre América, sobre nuestra historia común, a veces tan olvidada y desconocida por la leyenda negra.
Ha sido sin duda el mejor embajador que hemos tenido en América y ha hecho más por unirnos a ambos continentes que todos los políticos juntos.
Su trato era ejemplar y sencillo, igual hablaba con un presidente, con un rey o con un indígena. A estos últimos los admiraba por su forma de vida nómada, austera, sin apego, viviendo en la naturaleza y por su enorme sabiduría (emberás, huitotos, boras, ocainas, pebas, mayas, guaraníes, quechuas, aimaras, aztecas, shuars, huaoranis, wounaan, etc...)
Recuerdo en una ocasión que estábamos subiendo el volcán San Andrés de Tuxtla en México y nos apareció una serpiente “barba amarilla” (Bothrops Atrox), muy temida por su veneno. El guía indígena que iba delante la dejó tiesa de un “baraso” como decía él. Miguel, al enterarse me decía: “Lunita, a mí me han mordido veinticinco serpientes”. La verdad es que allá donde los demás veíamos un problema, él veía una oportunidad.
Su optimismo ante las dificultades era desbordante. Era una persona casi de otro mundo. Vivía siempre con la mirada en el futuro, siempre había una posibilidad de superar los límites, de ir más lejos, de hacerlo mejor. Su trabajo era su pasión y así lo transmitía al resto. Un verdadero maestro.
Otra anécdota que muestra el entusiasmo y la perseverancia de mi gran amigo del que tanto aprendí fue cuando estábamos en Nombre de Dios (Panamá), era la noche de San Juan y nos habían avisado de que venía una tormenta tropical, algo muy parecido a un huracán. Pues bien, Miguel quería hacer la hoguera y habíamos juntado un gran volumen de leña de las palmeras y todo lo que encontramos por la playa. Pues allí nos encontrábamos los dos intentando encender esa enorme hoguera bajo una lluvia torrencial, con un río a punto de desbordarse y unas olas que ya llegaban hasta la hoguera.
Al final no pudimos pero así era Miguel, luchando contra los elementos hasta el final. Nunca se daba por vencido.
El 20 de mayo partió para una nueva aventura, está vez irá en el corazón de todos los expedicionarios que como él, nunca dejarán de luchar por sus sueños, por sus ilusiones, y por sus esperanzas.
Ahora nuestro principal patrocinador BBVA ha decidido dejar de financiar la ruta a partir del año que viene porque no es rentable.
Solamente decirles que se pierde algo incuantificable, que no se puede medir en rentabilidad, ni retorno de patrocinio, pero que es el verdadero tesoro, la mayor ganancia: hacer un mundo mejor, más justo, más equitativo e igualitario, de valores y principios universales independientes de culturas, ideologías y religiones.
Qué suerte haberte conocido querido amigo Miguel, hemos sido unos privilegiados por que tú, de una manera o de otra, nos has hecho mejores a todos.
¡GRACIAS, Miguel, por todo lo que nos has enseñado y lo que hemos vivido juntos!





