Categorías: Opinión

Mentiras arriesgadas

Estamos muy hartos de que nos mientan, no ya la clase política , para que les votemos, para darnos coba, para sacarnos de paseo electoral como a los perros, con correa y collar de pinchos, sino todos, los que conocemos y  los que no.                                                                                                                            
Nos tienen la cabeza loca, como a la niña del exorcista y no sabemos para dónde mirar porque babeamos con la sentencia de Camps y temblamos por el futuro de ese honrado ciudadano, que ha sido exculpado de algo que no hizo, por la goleada- en casa- de 5 a 4.                                                                                                                                                   
En su partido ya es otra cosa y se ha sentido el respiro conjunto, de tranquilidad, que hasta llegó a Rajoy cuando estaba pasando revista a las tropas con la Merkel y casi lo hace caer, tambaleándose ostensiblemente.                                                                                
-¿Qué passa, Ángela, cómo estás?- le preguntó,  como alumno aventajado, que nos ha subido los impuestos, nos rebaja las oposiciones y nos recorta los sueños, por orden de la rubia de oblongas caderas.                                                                                                    
Y Ángela, cortés y marcial, como es, le indicó el camino sobre la senda trazada de una alfombra roja, llevándolo en ocasiones con tanta precisión y entereza que parecía un niño pequeño.                                                                                                                  
Estamos hartos de mentiras enlatadas, de gente que nos vocea su vida, fagocitándonosla encima sin pudor , ni vergüenza, porque ya el “me acosté” ha pasado de moda y ahora impera “el robé o estafé y vente a reír conmigo”.                                                                  
La hipocresía campa desnuda y acompañada, del despropósito y del poder, de ese Poder que a algunos les gusta tanto que se les mete bajo las uñas y los ensucia el alma y ellos no se dan ni cuenta, porque otros, los que tenemos que trabajar , mileurándonos el alma, nos secamos, como dice mi amiga la polaca , a base de tostarnos al sol del paro y no ver la nieve , ni el agua , ni por asomo, que Dios nos debe odiar tanto que no nos dejó vender nuestro patrimonio inmobiliario y ahora encima nos seca las tierras y no tendremos ni para comer , ni para abastecer a los turistas ,cuando venga a vernos reconcomernos en nuestra miseria, pero eso sí como en los países tercermundistas , con playas maravillosas y políticos bananeros.
Nos manifestamos y da igual, pedimos trabajo y no se nos da, porque como la lluvia se nos regatea y nos tendremos que comer los pisos vacíos, porque no se venden, ni se alquilan y como son de los bancos y ellos se han comido nuestros futuros, pues nosotros- como polillas cementeras- nos comeremos el suyo de andamiajes y esqueléticas altezas.                                                                                                              
Estamos hartos de que nos mientan y ya no nos asombramos del registro a los Ruíz Mateos, ni que el patriarca diga que se pasa la justicia por los bemoles, dispensen que no lo diga en cristiano paladín, como su opusiana reverencia, pero me da grima y seguro que a él no le pasa nada, pero a mí me la dan entera. No nos asusta nada, ni los que se quedan sin trabajo, ni los que no tiene ni para comer y vemos perplejos que se justifique el robo o el incremento de éste como normalidad para la situación que hay.
Terminaremos como el letrero de la puerta de un bar , prohibiendo que nos hablen de la cosa, “de lo mala que está la cosa”, “de cómo se está poniendo la cosa, porque no sabemos cómo va a acabar la cosa”, porque hemos escondido la cabeza y solo hemos dejado fuera las nalgas prietas, el cuelo encogido y mucho miedo por pasar, en un mundo que se nos va entre los dedos , como al arena de los relojes, de un tiempo infinito , en donde solo hay que darle la vuelta al cristal, para volver a empezar. Estamos tan acostumbrados a que nos mientan, que, cuando el cura de Besana dijo que se iba a un retiro y se encontró en el Costa, saltando a lo público por el accidente, solo nos causó risa y regocijo, porque las buenas maneras se han perdido y solo nos queda chacoteo y permisividad, sirviendo al lema de “hazlo y después que te juzguen por ello, que siempre podrás salir, en libertad condicional”.

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