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Mens sana in corpore sano

Por Redacción
24/09/2013 - 09:28

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Mi esposa y yo nos hemos hecho socios de Body Factory, que aquí en Algeciras se llama “El Calvario”. Estamos cansados de ejercitarnos en el andar y más andar y decidimos probar nuevas experiencias en estas instalaciones, que ojalá lleguen a Ceuta a la mayor brevedad posible. Solemos estar atentos al horario matinal de los ejercicios gimnásticos en la piscina -aguagym y acuadynamic-, que a través de un monitor nos hace sudar incluso en el agua, al ritmo de una coreografía.  Estos ejercicios duran 45 minutos. Finalizado el mismo, nos damos una ducha pulverizada de agua fría y de inmediato, pasamos al “baño turco” durante 10 minutos. Transcurridos estos, volvemos a la ducha pulverizada, para pasar a continuación a la “sauna”, otros 10 minutos a 85º C. de temperatura. Cumplido el tiempo, el próximo paso es el “spa”. Se trata de una piscina de relax, con varios tipos de jacuzzis -dos horizontales y uno vertical-, chorro de agua a presión, cascada, eyectores presurizados para los pies, zona lumbar, gemelos, etcétera. En esta pileta, siempre estamos entre 30 a 60 minutos. Rematamos la jornada con la ducha tradicional. Pasamos a los vestuarios donde nos secamos, perfumamos y nos vestimos, antes de tomar una caña en la cafetería del centro.
En el piso superior, se halla un extraordinario gimnasio repleto de diferentes aparatos para hacer toda clase de ejercicios. Alguna vez he practicado algo de bicicleta, pero la verdad es que me resulta monótono. Eso de estar minutos tras minutos, dándole a los pedales, para continuar siempre en el mismo sitio, me aburre un montón. Me gusta más el agua y en la piscina, suelo hacer algunos largos.
Considero que asociarme a este centro, ha sido una medida acertada. Paso en dos años mi séptima  década y estoy obligado a hacer algo de ejercicio. Cuando ando, lo suelo hacer por el Paseo Caetaria que tenemos en Getares, pero a la media hora de caminar y sudar, al  pasar por la puerta de los muchos bares que hay en la playa, no puedo salvar la tentación de entrar y pedir una cerveza fresca. A partir de aquí, se me acorta el ritmo y la segunda parte del paseo no la completo como debo. En Body Factory en cambio hay que llevar el mismo tren que marca el monitor en comandita con la coreografía y más motivado aún cuando en la misma piscina termal se encuentran cuarenta o cincuenta personas haciendo lo mismo que yo.
El cuidado del cuerpo es una actividad que no es exclusiva del hombre moderno, lo mismo que el uso de las termas. Los griegos utilizaban salas de baño a distintas temperaturas, salas de masajes, zonas para ejercicios físico, etcétera. Costumbre heredada por los romanos que acentuaron la tendencia de cultivar el cuerpo y convertir el baño en una costumbre habitual.
Desde el siglo II a. C., los baños públicos existían en Roma, aunque eran pequeños y sin demasiadas comodidades. Las salas eran calentadas por grandes braseros de bronce, de forma que al salir del baño, la temperatura fuese agradable.
Es a partir del siglo I a. C. cuando se empieza a utilizar el novedoso sistema de calefacción (hipocaustum) que consistía en elevar unos centímetros el suelo, hacer una aberturas a través de las cuales, salia aire caliente procedente de un horno (praefurnium) que circulaba por debajo de las habitaciones.
El proceso de baño seguía un camino ritual por etapas. Primero entraban en el vestuario (apodyterium) donde se desnudaban. A continuación iniciaban una serie de ejercicios físicos, practicando deportes como la carrera, levantamiento de peso o la lucha, juegos como el harpastum, precedente del rugby moderno, o el trigon, que consistía en arrojarse una pelota desde los vértices de un triángulo que se pintaba o marcaba en el suelo. Acto seguido se sentaban en el interior de una sala templada (tepidarium) donde había una temperatura ambiente de 25 a 30 grados. Más tarde pasaban a otra sala con más temperatura (caldarium), donde había una gran bañera (alveus), con agua a unos 40 grados. En esta última solían untarse con aceites y se quitaban la suciedad con un raspador de metal. Aun no se fabricaba el jabón del “Lagarto” o el “Abanico”. Total, que se desollaban vivos. En esta misma sala, había también otra gran bañera con agua fría, para refrescarse (frigidarium).
Estos baños más tarde, fueron administrados por hombres de negocios, los baños públicos en Roma y en todos los asentamientos de sus legiones, se hicieron cada vez más confortables y ganaron en amplitud. Los bañistas acudían a las termas, solos o acompañados por sus sirvientes, para ser atendido en todo momento, en el caso de los ciudadanos más ricos.
Las termas eran por entonces unas de las actividades principales de ocio. Hombres y mujeres se bañaban juntos, y si el establecimiento era lo suficiente grande, tenían salas independientes, pero estos eran excepcionales, más bien imperaban los mixtos. Esta costumbre hizo que las mujeres que frecuentaban estos baños o termas, adquirieran mala fama. Se probó una solución tratando que tanto mujeres como hombres tuvieran horario distintos, pero sin éxito. Todo esto perduró hasta el año 320,  donde los cristianos consiguen mediante el concilio de Laodicea, que se prohíba el baño a las mujeres. A finales del siglo III, se construye en Roma la mayor terma de toda la historia, las del emperador Diocleciano con una capacidad para 3000 personas.
En definitiva, que esto que yo hago, no es un invento moderno, sino que viene de lejos, con algunas variantes lógicas como el raspador metálico, que lo he sustituido por gel.
Me viene a la memoria, algo que leí hace tiempo, y la verdad es que no me gusta comentar esto, pero si quiero ser objetivo, me veo obligado a ello: En 1525, siendo rey Carlos I -le llamo Carlos I, no como eso estúpidos que le llaman Carlos V-, el embajador de Venecia, realizó una descripción de los moriscos, donde da un repaso a sus costumbres de vestir y calzar entre otras cosas, finalizando el informe con estas palabras textuales: … así los hombres como las mujeres acostumbran a bañarse, pero las mujeres especialmente. Aquí vendría bien, dos signos de admiración y entre ellos la palabra que define el órgano sexual masculino o femenino, cualquiera de los dos vale. Pero no lo hago, la Señora Directora del diario El Faro, no me lo permitiría, y haría bien, no quiero quedar como un obsceno.
Pero entonces, cuando más importantes y poderosos eramos en el mundo ¿al mismo tiempo éramos también los más espesos?. Si teníamos la escuela de los romanos, que dejaron muchas termas repartidas por toda España, y además tenemos el certificado de todo un embajador de Venecia, que afirma con asombro, que los moriscos se bañaban. ¿Que pasa?. Nos convertimos en unos marranos. En nuestra península tenemos tres invasiones importantes. Los romanos, muy limpios y aseados, los bárbaros que solo se mojaban cuando llovía y los árabes igual de limpios que los romanos. Y no se nos ocurre, nada más que imitar a los paisanos de los Ataúlfo, Sigerico, Walia, Teodorico, etcétera. ¿Será por eso que la hija de la Gran Bretaña Victoria Adams, esposa de David Beckham dijo cuando estaba en Madrid, que España olía a ajo?
En aquellos tiempos donde la higiene brillaba por su ausencia, hubo como siempre una excepción y esta viene dada a través de una paisana nuestra.
Don Rodrigo, último rey visigodo, reclamó para su corte de Toledo, a la hija del conde don Julián, famosa en todo el reino por su gran belleza. Esta doncella caballa llamada Florinda y apodada “La Cava”, acostumbrada ella, a sus playas del Chorrillo y la Ribera. Cuando llegó a la capital del reino, lo primero que hizo fue buscar en la orilla del Tajo, un lugar apropiado donde lucir biquini. Fue tal la sorpresa y asombro de aquellos marranos visigodos, al comprobar que una mujer se bañaba, que el lugar de la ribera del rio toledano que utilizó para asearse nuestra paisana -más limpia que los chorros de oro- se conoció como “Baños de La Cava”, y aún hoy 1302 años después, sigue llamándose igual. Todo un ejemplo.

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