Cáritas lleva a cabo cada semana en Nazaret un Taller de Memoria y acompañamiento en el que varios voluntarios y trabajadores comparten junto a los residentes charlas y ejercicios para que sigan recordando
Aparecen por la puerta de uno de los salones y en muchos de los ojos que ya alcanzan la serenidad que otorga el paso de los años, aparece un brillo especial. Son los voluntarios de Cáritas que desde hace unas semanas, llevan a cabo un Taller de Memoria en la Residencia Nazaret. “Cáritas no sólo reparte comida. Cáritas ayuda a gente necesitada y hay gente que necesita compañía y nosotros estamos aquí para acompañarlos y además trabajar con ellos, aunque muchos están afectados por algún tipo de demencia”, explica el responsable de la entidad, Javier González. “Trabajamos todos los días del año y en muchas áreas”, apunta.
Desiré Rodríguez es trabajadora social en Cáritas de Ceuta. Como cada miércoles, acude con ilusión a la Residencia Nazaret y explica que “las mujeres, por lo general, son más activas que los hombres”, explica mientras cariñosamente invita a uno de los ancianos a participar en la actividad con una gran sonrisa. Él accede. Juan Antonio es psicólogo y es voluntario en la entidad. Es el ideólogo de la actividad y mientras coloca en un caballete un dibujo de una margarita de colores, explica que no se lo pensó dos veces cuando escuchó en una campaña informativa sobre el trabajo que llevaba a cabo Cáritas, colaborar con ellos. Asegura que los mayores, a pesar de no estar solos en la residencia pues existe personal que les cuida y acuden otras entidades (en ese momento una hermandad habla con parte de los residentes en otra sala) a hacerles compañía, “ellos realmente sienten la soledad y necesitan simplemente que les cojas la mano y escucharles”. Juan Antonio pregunta cuántos pétalos tiene la margarita y de que color son. Algunos aciertan, otros no, pero pasan el rato, disfrutan y a todos se les anima a que participen, que es lo importante. “ A la vez que se lleva a cabo el taller de Memoria llevamos a cabo una labor de acompañamiento”, aclara.
Y no sólo los ancianos reciben cariño. Los que se lo dan, atraviesan la puerta de la residencia con nuevos conocimientos sobre las experiencias de la vida de las personas que con serenidad, afrontan el paso del tiempo y las dificultades que merman sus capacidades físicas y psíquicas para desenvolverse. “Muestran paciencia y alegría, sobre todo las mujeres, que triplican el número de hombres, aunque muchos no pueden participar en el taller porque están muy deteriorados, todos merecen cariño”. Cáritas reparte también de eso.






