Ceuta y Melilla deben ir siempre de la mano. Es una obligación moral hacia sus propios ciudadanos puesto que sus reclamaciones, problemas e inquietudes son las mismas. Las consejeras Kissy Chandiramani y Dunia Al Mansouri tienen la lección más que aprendida, arrastrando una historia de acción común, de colaboración y de unión ante objetivos comunes. Ahora, las dos titulares de Hacienda lo han vuelto a demostrar con la carta remitida al Ministerio de Transportes solicitar el abaratamiento del transporte de mercancías así como medidas económicas que beneficien a los ciudadanos de ambas ciudades en lo que básicamente importa: el coste del día a día.
Ni Ceuta ni Melilla pueden quedar al margen de beneficios que sí obtienen residentes peninsulares. Ni pueden quedar al margen ni mucho menos verse perjudicados. Bastante discriminación se padece como para sufrir otras diferencias de mayor calado. El Gobierno de la Nación se ha confesado predispuesto a tratar como debe a Ceuta y Melilla, plasmando sus promesas en unos planes estratégicos que deben cumplirse. Desde Madrid a todo se dice que sí, pero eso no es freno para que el ímpetu de quienes ejercen cargos de responsabilidad política se siga reflejando en acciones concretas como la ahora ejercida por las dos consejeras.
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