{jaimage crop="TC" /}Hablar sobre el Instituto de Estudios Ceutíes (IEC) es hacerlo sobre un referente de la cultura de nuestra ciudad que ha ido ganando peso con el transcurrir de los años.
Lo que empezó siendo un proyecto modesto se ha convertido ahora en un lugar de referencia para muchos investigadores y apasionados por todo lo que rodea a la cultura.
Fundado en los principios de los años 1970, este patronato ha pasado únicamente por las manos de cinco directores. El último de ellos es el ceutí Simón Chamorro Moreno, el cual está a punto de cumplir catorce años en este cargo al que accedió en el mes de noviembre de 1998.
Este catedrático de Biología y Geología reconoce que accedió a este organismo por su afición por los temas de investigación y, sobre todo, por su amistad con personas como Juan Bravo o Emilio Fernández Sotelo, quienes le abrieron de par en par las puertas del Instituto de Estudios Ceutíes.
Casi catorce años después, Simón Chamorro reconoce que el “niño” se ha hecho mayor y ésto ha motivado que hayan previsto una ampliación de espacios para dar cabida a la numerosa documentación y las nuevas necesidades de este organismo.
Por ello, reconoce que el IEC se ha ganado su hueco en la sociedad local apoyado en unas estructuras sólidas y estables que funcionan con el consenso de sus miembros y con una máxima: ayudar a la cultura.
–¿Cómo entras en contacto con el IEC?
–Siempre me han gustado los temas de investigación y he tenido mucho contacto con Juan Bravo, con Emilio Fernández Sotelo y con gente de la arqueología o la cultura en general. Un día me propusieron ser director del IEC y acepté, siendo elegido por votación.
–¿Qué suponía ser director de este patronato?
–Un reto, el cual encaré en un momento que hubo un cambio generacional en el IEC ya que la generación que creó el instituto como Antonio Aróstegui, Carlos Posac o Pepe Fradejas, todos ellos personajes de la historia de Ceuta con mucho calado y peso cultural, optaron por dejar paso a los más jóvenes, a pesar de que nosotros no queríamos que ellos dejaran de ser el elemento director. Sin embargo, los años no pasan en balde y se hizo el cambio.
–¿Qué instituto te encuentras?
–Un instituto modesto y un poco ficticio en el sentido de que no había personal administrativo y tuvimos que emprender un cambio. Hablamos con las autoridades culturales para plantearles el tema y en una época de bonanza económica empezaron a apoyarnos, por lo que emprendimos una carrera de organización con una estructura funcional.
–¿Cuáles fueron las primeras medidas de la nueva era del instituto?
–Creamos las secciones dentro del instituto nombrando a nuevos miembros y organizando las actividades. Además, modificamos los estatutos que teníamos para hacerlos más funcionales.
–¿Qué secciones vieron la luz?
–Un total de cuatro como historia y arqueología, la de ciencias, la de ciencias sociales y otra de arquitectura, arte y literatura. Con ello delegamos el trabajo y la organización.
–Y se inician las distintas jornadas ...
–Efectivamente, pusimos en marcha las jornadas sobre la historia de Ceuta en la época portuguesa, al principio eran de dos días y vimos que había un cierto interés en la población en estas cuestiones, por lo que al año siguiente hicimos otra edición y el número aumentó, así hasta la actualidad ya que este mes de septiembre cumplimos la décimo quinta edición. Además, se crearon las jornadas de medio natural, de la que llevamos diez, y el Congreso de Inmigración, Interculturalidad y Convivencia.
–¿Qué pasó con este congreso de inmigración?
–Después de seis ediciones decidimos no hacer más porque la organización llevaba mucho trabajo y pensamos que no era bueno hacerlo todos los años. Además, vimos que ese tema ya no estaba tan caliente como cuando se propuso la primera edición y optamos por no organizar más.
–¿Cuáles son los pilares fundamentales del IEC?
–Las tres patas fundamentales de este patronato son la difusión de la cultura, la publicación de libros o actas así como la ayuda a la investigación.
–¿En qué momento se encuentran estas ayudas?
–Hay miembros de la Junta Rectora que las organizan. Las ayudas se dan para proyectos concretos y también tenemos unas becas de doctorado que suponen un salario de 1.200 euros durante tres años. Normalmente, otorgábamos seis ayudas a la investigación y tres becas de doctorado pero ahora sólo damos una beca de doctorado debido a los recortes económicos. Soy de la opinión que no pasa nada por echarse para atrás y ser sensatos en el gasto.
–¿Se podría autofinanciar este patronato?
–Sería imposible porque los miembros del IEC no cobran nada y tienen una dedicación totalmente altruista. Tenemos dos personas a jornada completa y otra a media jornada para los asuntos burocráticos de la institución y no tenemos recursos ya que la venta de libros no da para cubrir los gastos, de ahí que dependemos fuertemente de la Ciudad Autónoma. Legalmente, somos un patronato municipal.
–¿Supone esto la plena dependencia de la Consejería de Educación y Cultura?
–A nivel económico sí y, de hecho, cada año presentamos una memoria de lo realizado. Sin embargo, no tenemos nunca ninguna presión por parte de las autoridades competentes y tenemos absoluta libertad para hacer jornadas o eventos, lo cual es de agradecer.
–¿Cómo está el asunto de la publicación de libros?
–Normalmente publicamos de seis a ocho libros al año, antes todos en papel y ahora varios en soporte informático para abaratar los costes. Las ayudas a la investigación generan literatura y las becas de doctorado también, al igual que las jornadas de historia, es decir, es una producción interna del IEC.
–¿Cualquier persona interesada en publicar una obra puede hacerlo a través vuestra?
–Tenemos un comité de publicaciones que evalúa el trabajo y si estima que se adapta a los objetivos del IEC como investigación o divulgación se da el visto bueno. Hay que tener en cuenta que publicar es una labor laboriosa, por lo que destacaría la labor de la jefa de publicaciones, Rocío Valriberas, que tiene una capacidad de trabajo y organización muy importante, al igual que otros miembros del instituto a los que pedimos informes.
–¿Cuántas personas prestan su colaboración desinteresada en el IEC?
–Ahora mismo 118 personas, de las cuáles la mitad son miembros numerarios y el resto son miembros correspondientes. La sección más importante es la de historia y arqueología con 17 numerarios y 29 correspondientes.
–¿Se puede cuantificar el número de publicaciones?
–En torno a unos doscientos libros, de los cuáles unos noventa y nueve tenemos actualmente en catálogo y el resto están agotados.
–¿De qué te sientes más orgulloso en estos años al frente del instituto?
–Del equipo que tengo porque sin ellos no sería nada. Son gente trabajadora, muy seria y responsable que jamás han creado ningún problema. Hemos tenido nuestras discrepancias como es lógico pero todos tenemos las ideas claras de lo que tenemos que hacer y para qué estamos aquí. Por otro lado, destacaría la obra “La historia de Ceuta” que hicimos en dos tomos y a la que nos animó el presidente Juan Jesús Vivas ya que si él no no los hubiera pedido con la ilusión que lo hizo no hubiéramos podido hacer una obra de ese calibre.
–¿En qué ha ganado más el IEC en esta época?
–Ahora tenemos una estructura homogénea, eficaz y que funciona adecuadamente.
–¿Está bien mirado este patronato en la sociedad ceutí?
–Lo deben decir los ciudadanos pero de forma modesta creo que somos una buena opción y contamos con el aprecio de mucha gente que nos lo transmite.
–¿En qué medida ha afectado la crisis?
–Creo que en esta ciudad hay muchas actividades culturales y nosotros hemos notado un descenso en la afluencia a las jornadas en gran medida por el exceso de actos que se planifican. De hecho, la primera bandera para anunciar un acto que se puso en el Ayuntamiento era nuestra y ahora hay seis.
–¿Qué proyectos tienes a corto plazo?
–La sede se ha quedado pequeña y ahora vamos a ampliar la instalación en superficie, además de crear posiblemente alguna sección más.
–¿Algo sobre tu trabajo de docente?
–Sólo lamentar que llevamos cuatro años que no hay Geología, lo cual pienso que es un fallo.
Catedrático de Biología y Geología
FICHA. Simón Chamorro Moreno (Ceuta, 1952) es el mayor y único varón de una familia de tres hermanos cuyo padre es ceutí y su madre es valenciana, aunque se trasladó a nuestra ciudad con cuatro años.
Casado y sin hijos, es docente de profesión y ocupa el puesto de catedrático de Biología y Geología en el instituto de enseñanza secundaria Siete Colinas desde el año 1977.
Accedió al cargo de director del Instituto de Estudios Ceutíes en noviembre de 1998, convirtiéndose en el quinto responsable de este patronato tras Antonio Bernal, Juan Bravo, Carlos Posac y Antonio Aróstegui Mejías.
El instituto se creó en el año 1971, si bien cambió sus estatutos en el 1988 con la intención de hacerlos más funcionales y adaptarlos a las nuevas necesidades.
La fotografía, los viajes y los trabajos manuales son las principales aficiones de este ceutí.
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