Opinión

Mater intemerata

Desde la segunda mitad del siglo XX (y también durante el presente siglo) algunas novelas se han hecho eco de la educación religiosa durante la postguerra española. En la que ahora nos ocupa, su autora, la poeta y novelista mallorquina Mª del Carmen Mestre, convierte este asunto en el tema central. A través de su protagonista, Cristina Quiroga, podemos conocer las pautas de conducta que la moral católica imponía a través de la formación impartida en los colegios religiosos, así como las nefastas consecuencias que, en muchos casos, tuvo en los jóvenes y, de manera especial, en las chicas.

A lo largo de veintitrés capítulos breves (más un epílogo de cuatro) vamos conociendo la trayectoria vital de esta joven rebelde e inconformista que, deseosa de encontrar respuesta a las muchas preguntas que se formula continuamente, va tanteando diversos caminos: primero decide ingresar en un convento, aunque finalmente lo abandona convencida, sin embargo, de que fuera “no me espera la felicidad, sino la lucha por seguir adelante”. Más adelante, en los estudios universitarios de Pedagogía encuentra un aliciente para su futura vida profesional, aunque a cambio renunciará al amor… En definitiva, la suya es una vida presidida por unas firmes convicciones éticas que se traducen en un recto proceder sin que, pese a todo, logre alcanzar la tan deseada paz interior ni pueda hallar unas respuestas satisfactorias a tantas inquietudes que se le han venido planteando -e incluso la han atormentado- durante toda su existencia.


Con pulso certero, a través de un minucioso estudio psicológico de Cristina Quiroga, Carmen Mestre nos introduce en una época en la que las prescripciones morales de una jerarquía eclesiástica (que invadían todos los ámbitos de la sociedad y decidían cuáles eran los límites entre el bien y el mal) coartaban la libertad de pensamiento -y mucho más la libertad de expresión y de acción- con la amenaza omnipresente de un eterno castigo.

Van pasando los años y, por fortuna, llegan los cambios (tanto en el ámbito religioso como en el político). Nuestra protagonista también ha ido evolucionando, aunque sin dejar de ser la persona rebelde e inconformista -esa Mater Intemerata como la llamaba su amiga Sor Piedad en el convento- de sus años jóvenes. Ya no hay amargura en ella, pero sí una profunda tristeza unida a numerosos interrogantes que afloran a su mente cuando revive su pasado: “¿A quién podía pedir indemnización por todo el daño irreparable que psicológicamente se le había hecho? ¿Quiénes eran los responsables de haberle causado tanto sufrimiento? ¿A quién beneficiaba aquella tortura cuya única misión era convertir la vida en una enemiga a la que había que despreciar por los posibles placeres que pudiera ofrecernos?”.

Se trata de una novela que, además de hacernos partícipes de las circunstancias vitales en que se movía la sociedad española durante la segunda mitad del siglo XX, nos muestra la lucha interna que vive esta joven, muy crítica con la formación religiosa que ha recibido pero que la ha atrapado entre sus redes; muy lúcida también en sus juicios sobre las desigualdades entre hombres y mujeres, lo que la sitúa a la defensiva, y la incapacita para conceder una oportunidad al amor.

Pero la vida siempre nos ofrece segundas oportunidades. ¿Podrá Cristina Quiroga, al fin, romper la coraza que la oprimió durante tantos años? También en esta novela, Mª del Carmen Mestre ha tenido el acierto de plantear un final abierto, dejando la última palabra al lector.

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