Nos cuentan la historia, una más de tantas. La historia de Denver, un perro abandonado al que adoptan y tras un año en un hogar lo vuelven a abandonar dejándolo lleno de garrapatas y pulgas.
La Protectora nos traslada este episodio que debe superar el mero impacto dramático para actuar como se debe. Toda la publicidad dada a la ley de protección animal de nada sirve si seguimos igual o peor, trasladando historias de perros a los que abandonan atados a un árbol, otros a los que maltratan o aquellos que son acogidos para después, en cuestión de días, ser devueltos como quien cambia unas zapatillas equivocadas.
Nos quedamos en la lágrima, que parece que es lo que a todos nos gusta. Pero nadie da el paso de exigir que las leyes se apliquen y que se persiga a todos aquellos que provocan estos casos de maltrato animal.
No es difícil dar con ellos, mucho menos en Ceuta. Pero sorpresivamente nunca se actúa, solo se critica en redes sociales y estas auténticas salvajadas van a más.
Las instituciones son las primeras que miran a otro lado porque no ponen medios, porque permiten con su inacción que sucedan estas barbaridades. Tampoco se activan investigaciones ni se persiguen los delitos. Es como si toda esta parte de la ley nos la saltáramos por interés o comodidad.
No se trata de visualizar los casos como el de Denver -que sí, que está bien-, se trata de ir más allá y denunciar a las personas que comprometiéndose a la adopción de un perro después lo devolvieron enfermo y comido por los parásitos. Esa falta de cuidado y atención está penada y las instituciones son las primeras que deben dar ejemplo actuando para que este tipo de comportamientos sean corregidos.
Quedándonos solo en la lágrima o en la difusión del mensaje fácil poco colaboramos en que se termine con lo que se ha convertido en una auténtica lacra que perjudica no solo a los perros sino también a los gatos.






