Marruecos demostró ante el mundo, entre el 21 de diciembre y el 18 de enero 2026, su capacidad para firmar la mejor edición de la historia de la Copa Africana de Naciones a lo largo de 35 ediciones.
Un éxito logrado gracias a la visión estratégica real que ha convertido al Reino en una potencia blanda “Soft Power” en el escenario internacional.
Al acoger el “Mundial africano”, Marruecos encarnó las aspiraciones del continente hacia la excelencia y la distinción. Destacó por una organización rigurosa y una gestión precisa de los detalles logísticos y de seguridad, conforme a estándares internacionales.
Los esfuerzos de todas las instituciones nacionales, públicas y privadas, confluyeron para superar las carencias de años pasados y situar el torneo en un nivel que llevó al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, al presidente de la CAF Moutsipi, así como a responsables de federaciones y organismos internacionales, a elogiar una edición excepcional, difícil de repetir en el ámbito africano, según coincidieron medios de comunicación internacionales.

Sin embargo, una campaña de hostilidad y resentimiento, liderada abiertamente por un país vecino, intentó empañar por todos los medios el éxito y la superioridad marroquíes, recurriendo a prácticas mezquinas desesperadas. Pese a ello, el éxito organizativo de la CAN 2025 en todos sus niveles y estadísticas impuso nuevos estándares globales y dejó al descubierto a un eje de animadversión que se apartó del espíritu deportivo hacia una lógica de confrontación vil.
Faouzi Lakjaa
En ese contexto, las flechas de la difamación se dirigieron contra Faouzi Lakjaa, presidente de la federación real marroquí de futbol y de la fundación Marruecos 2030. Fue objeto de ataques infundados, acusaciones de soborno y de manipulación arbitral, con la complicidad de ciertos responsables de la CAF. No obstante, estas maniobras burdas fracasaron. El rumor odioso ya que el título estaba decidido para Marruecos antes incluso del inicio del torneo.
¿Por qué se ataca a Faouzi Lakjaa? La respuesta es clara como los sentimientos de envidia de los vecinos: se trata de un dirigente que goza de la confianza real, con visión estratégica y carisma institucional. Lakjaa ha consolidado la reputación de Marruecos con su fuerte presencia en las instancias deportivas continentales e internacionales. Con un discurso claro y propuestas innovadoras, se ha enfrentado en todas las oportunidades y ocasiones a los remanentes de viejas prácticas corruptas, defendiendo la transparencia, la buena gobernanza y una visión real que sitúa el deporte como palanca de desarrollo en África, como puente de acercamiento entre pueblos y Estados, y como espacio de integración para la juventud del continente su verdadero fortuna y tesoro.

Es cierto que Marruecos perdió la final en un momento marcado por la presión, y, sin embargo, ganó mucho más en términos estratégicos: reafirmó su defensa del derecho de África a la excelencia y a la distinción, permaneció fiel al marco de asociación y a las sólidas relaciones que lo unen con países africanos amigos, y se proclamó ante el mundo como una potencia blanda en el escenario futbolístico internacional.
En este contexto, unos hechos que constituyen una mancha en la historia del fútbol africano llevaron a Lakjaa, con criterio y firmeza, a recurrir a la aplicación de la ley, denunciando lo ocurrido por parte de Senegal y por parte de su seleccionador manipulado en la final celebrada en Marruecos. Se dio seguimiento a las infracciones ante las instancias judiciales y disciplinarias de la CAF y de la FIFA, en un proceso judicial transparente. Tanto el presidente de la Confederación Africana de Fútbol como el de la FIFA, al igual que la comunidad internacional, fueron testigos de un chantaje cuyo objetivo final era sabotear en los últimos instantes una boda futbolística mundial exitosa, manipulación orquestada por alianzas de enemigos.
Es cierto que Marruecos perdió una copa, pero ganó el respeto y el privilegio universal.






