La princesa Lalla Khadija, hija del rey Mohamed VI y de Lalla Salma, cumple 19 años convertida en uno de los rostros más prometedores de la monarquía marroquí.
Tal como destacan Mujer Hoy y El Economista, su figura ha cobrado un peso creciente en el panorama institucional del país, tanto por su carisma y formación como por el delicado contexto político que atraviesa Marruecos.
Educada en el Colegio Real y políglota —domina árabe, francés, inglés y español—, la joven combina una formación sólida con una imagen pública cuidadosamente construida.
Según El Economista, su papel dentro de la Casa Real “recuerda al de una primera dama”, una figura femenina de referencia que compensa la ausencia de su madre, apartada de la vida pública desde su divorcio del monarca en 2018.
Pese a su juventud, Lalla Khadija ya ha representado a Marruecos en actos de alto perfil. En 2024, durante la visita oficial del presidente francés Emmanuel Macron y su esposa Brigitte Macron, actuó como anfitriona junto a su padre, deslumbrando con su elegancia y naturalidad.
Un año después, acompañó a su hermano, el príncipe heredero Moulay Hassan, en la inauguración de la operación nacional Ramadán 1446, organizada por la Fundación Mohamed V, reafirmando su implicación en causas sociales y solidarias.
De acuerdo con mujerhoy.com, Lalla Khadija “ha logrado ganarse el respeto y el cariño de sus compatriotas”, que la apodan “la princesa de los corazones”. Su elegancia y serenidad, unidas a un estilo discreto pero sofisticado, le han granjeado una enorme simpatía popular.
En celebraciones como el fin del Ramadán, la joven suele lucir diseños tradicionales reinterpretados con toques modernos, combinados con piezas exclusivas de Dior, Cartier o Piaget, reflejo de su gusto refinado y del poder simbólico de su imagen pública.
Su vida transcurre, no obstante, bajo un estricto control mediático. Pocas fotografías suyas trascienden a la prensa, y sus apariciones son cuidadosamente seleccionadas por el Palacio Real. Sin embargo, cada una de ellas genera un notable interés dentro y fuera del país.
En 2019, cuando apenas tenía 13 años, participó en su primer acto oficial inaugurando el vivario del Jardín Zoológico de Rabat, un gesto que anticipaba su progresiva entrada en la vida institucional.
Su discreción contrasta con la intensidad de las especulaciones en torno a la salud del monarca, de 62 años, cuya actividad pública ha disminuido notablemente. En este contexto, la joven princesa, junto a su hermano mayor, se ha convertido en una pieza fundamental para preservar la continuidad de la dinastía alauí y ofrecer una imagen de estabilidad.
Uno de los aspectos más comentados de la biografía de Lalla Khadija es su estrecha relación con su madre, Lalla Salma, conocida como, según mujerhoy.com, “la princesa fantasma” por el ostracismo al que fue sometida tras el divorcio.
Según publica mujerhoy.com, madre e hija siguen compartiendo una fuerte conexión y pasan juntas parte de sus vacaciones, algo que, pese a su aparente normalidad, podría interpretarse como un gesto de desafío dentro del rígido protocolo de la corte alauí.
Esta cercanía se evidenció en un episodio reciente durante la Copa Africana de Naciones celebrada en Marruecos. Según el mismo medio, Lalla Khadija fue vista en un palco junto a su madre y su hermano, celebrando una victoria de la selección nacional.
Las imágenes circularon brevemente por la prensa local antes de desaparecer, presuntamente por orden del Palacio Real, un movimiento que muchos interpretaron como una muestra de las tensiones internas que aún persisten en la familia real.
Pese al hermetismo que rodea su figura, la trayectoria de Lalla Khadija apunta hacia un papel cada vez más visible en la diplomacia y en la proyección internacional del país.
El diario El Economista subraya que la joven “se perfila como una pieza clave en el engranaje institucional de Marruecos”, capaz de representar una monarquía que busca modernizar su imagen ante los ojos del mundo.
Su educación universitaria en Gobernanza, Ciencias Económicas y Sociales en la Universidad Politécnica Mohammed VI, su dominio de varios idiomas y su cercanía con el pueblo refuerzan esa imagen de modernidad.
En un país que navega entre la apertura y el control, entre las aspiraciones democráticas y las viejas estructuras de poder, la princesa parece simbolizar una nueva generación dentro de la Casa Real: discreta, preparada y con un sentido claro de su papel institucional.
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