Al ministro Fernando Grande-Marlaska le preguntaron ayer de manera reiterada sobre esa inseguridad subjetiva que, dijo, existe en Ceuta. Optó el ministro por dar mil y una vueltas para no responder a lo que se le preguntaba, algo tan sencillo como si todavía pensaba que en la ciudad la inseguridad la llevamos en nuestros pensamientos y no en las calles.
Fue tan absurdo lo que dijo Pinocho Marlaska que resulta imposible de sostener en una ciudad en donde los delitos repuntan y las noches son terribles con sucesos insostenibles para una ciudad como Ceuta.
La decisión más acertada del ministro debería haber pasado por explicar qué quiso decirnos con aquella patochada y, de una u otra forma, dar la vuelta a su discurso. Pero no. Optó por no responder a lo cuestionado y enfundarse la bandera de su gestión al frente de Interior jugando al viejo truco de las estadísticas.
No hay nada mejor para disfrazar la operatividad de un ministerio que la de utilizar los tantos por ciento a su antojo a la hora de vender lo bueno que se es en materia de seguridad. Marlaska desvió la atención defendiendo sus éxitos en cuanto a bajada de criminalidad.
Lo que no entiende Marlaska es que eso, sus éxitos, a nosotros nos importa un pimiento.
Aquí no se trata de poner nota a los logros de los hombres de Pedro, sino de solventar una crisis y de no tomar el pelo al personal, como ha hecho Pinocho Marlaska.
No estuvo fino el ministro en una Ceuta que está a una chispa de saltar. No estuvo fino hacerlo en una ciudad en la que todo se lleva al extremo, la sociedad está cansada, se están dando demasiados sucesos y se sigue asistiendo a la proliferación de asentamientos en donde puede suceder cualquier desgracia. Se puede ser torpe, pero llevarlo a estos extremos es complicado. Marlaska se supera en cada visita.







Y como quiere usted que razone a las preguntas…..? Con bulos o no le merecen créditos las estadísticas, le recuerdo que el odio como el miedo cada uno se despacha a su gusto y la realidad es que poco aporta a la solución del gran problema que padecemos los Pinochos Marlascas. O los hombres de Pedro que le recuerdo que fueron elegidos democráticamente por los españoles, actitud comprensible al ciudadano corriente pero inaceptable a los responsables de crear opiniones.