El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, debería rectificar sus recientes valoraciones sobre la inseguridad que se registra en Ceuta. Y lo debería hacer por un mínimo respeto a una ciudad que atraviesa los que son, sin duda, sus momentos más complicados.
No se puede catalogar la inseguridad de subjetiva, es decir, de virtual, con la hilera de sucesos que se están registrando desde la entrada masiva del pasado 30 de julio. Los datos objetivos tumban las apreciaciones del ministro Marlaska y lo hacen, además, de forma brutal.
El 112 recoge en sus archivos todos los expedientes relativos a los incidentes que ha tenido que gestionar movilizando los recursos oportunos. Son hechos objetivos, no basados en valoraciones. Son datos, estadísticas y registros que evidencian una situación de inseguridad disparada.
De inseguridad real.
Un ministro, y mucho menos el de Interior, no puede venir a Ceuta para mantener un discurso que, visto los datos, resulta insultante. Lo es por falso, pero además porque impacta en lo emocional, en el sentimiento de unos ceutíes cansados, hartos, exhaustos… a los que no se les puede pedir más. Con este tipo de intervenciones se falta al respeto de quienes están viendo con sus propios ojos lo que sucede, con especial hincapié en unas barriadas que se han llevado todo el peso de la presión derivada de esa entrada masiva.
Marlaska patinó, y de qué manera. Un ministro que se precie debe saber, al menos, reconsiderar un discurso que siempre que viene a Ceuta es errático y equivocado.






