Ha sido abuela y madre a la vez para sus nietos, ha sido la confesora de las juventudes por las noches... En resumidas cuentas, hemos tenido con nosotros a un ángel caído del cielo, al cual le llegó el momento de volver a subir y reencontrarse con su querida hija Paqui. Conociéndola cómo nieta, que me considero de ella, le gustaría despedirse de todos aquellos que conoce, pero evidentemente ya es imposible, por ello escribo estas palabras porque se merece esto y muchísimo más. Siempre orgullosa de ser ceutí, de ser caballa y de los suyos.
El próximo sábado, a las 16:00 horas, le daremos el último adiós. ¡Mariquilla, Ceuta te quiere!
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