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El MANEJO DEL H2O

El agua es uno de los elementos fundamentales para la vida. En Ceuta no contamos con cauces permanentes de agua, por lo que su adecuada gestión resulta vital para la supervivencia del elevado número de habitantes de la pequeña península ceutí. La escasez de agua ha sido una constante en la historia de Ceuta. Para suplirla se construyó un acueducto en época romana que conducía el agua desde el arroyo de las bombas hasta el centro de la antigua Septem Fratres. A esta infraestructura hidráulica se refirió el geógrafo Abdallah al-Bakri en el siglo XI d.C.

Según este célebre cronista, el agua que procedía de la parte occidental de la ciudad era transportada y almacenada en grandes aljibes situados junto al mezquita Aljama, lugar que desde hace siglos ocupa la catedral de la Asunción. Uno de estos aljibes se conserva junto al yacimiento protohistórico, ubicado a pocos metros de la sede catedralicia. Desde estos grandes contenedores de agua se distribuía por una imponente canalización trazada de oeste o este por la actual calle Jáudenes, tal y como tuvimos la oportunidad de documentar en una intervención arqueológica realizada en el extremo occidental de la mencionada calle a finales de los años noventa. Aprovechando la mayor altura del lado meridional del istmo, el agua era canalizada y distribuida por la medina de la Ceuta medieval islámica.

En los arrabales o barrios que fueron surgiendo a partir del siglo X en el área de la Almina, tuvieron que excavarse innumerables pozos y dotar a cada casa de un aljibe para almacenar el agua de la lluvia. Muchos de estos aljibes fueron mantenidos y reaprovechados durante los sucesivos periodos de la dilatada historia de Ceuta. Con el crecimiento de la población ceutí, sobre todo a partir de mediados del pasado siglo XX, fue necesario construir los embalses del Renegado, inaugurado en 1972; y el del Infierno, puesto en funcionamiento en 1998. No obstante, pronto resultaron insuficientes, en especial durante los recurrentes periodos de sequía de aquellos años, motivo por el que se decidió instalar una planta desalinizadora en el entorno de la playa de Benitez. Gracias a esta instalación fue posible suministrar agua a la población durante las veinticuatro horas del día.

Tal y como escribió el gran pensador Iván Illich, el agua ha dejado de percibirse como el elemento que irradia pureza, para ser sustituida por el “H20, que es la nueva materia de cuya purificación ahora depende la supervivencia humana”. Según Illich, “el H20 es una creación social de los tiempos modernos, un recurso escaso que requiere un manejo técnico”. Para ver y tocar agua verdadera hay que acercarse a arroyos, como el de Calamocarro en años de lluvia, o a manantiales como la fuente de la Victoria. Ésta es el agua que más no interesa y a la que menos atención prestan los organismos encargados del “manejo técnico del H20”: la confederación hidrográfica del Guadalquivir, por parte de la administración central; y la empresa municipal ACEMSA, en el ámbito local.

Septem Nostra forma del Consejo del Agua de la Demarcación Hidrográfica de Ceuta desde su constitución oficial el 19 de junio de 2013. Mucho antes de la constitución de este órgano de planificación y gestión estatal del agua en nuestra ciudad, nuestra entidad viene reclamando una protección efectiva de los acuíferos y cauces naturales de nuestra ciudad, así como del debido cuidado de la calidad de las aguas costeras de Ceuta. Lo hemos hecho presentando distintas propuestas y sugerencias durante la tramitación de las evaluaciones ambientales estratégicas de los sucesivos planes hidrológicos de la demarcación de Ceuta. En la actualidad, se está procediendo a la redacción del esquema provisional de temas importantes del cuarto ciclo de planificación (2028-2033). Uno de los pasos para su redacción y aprobación consistió en la realización de un taller on line (4/02/2026) en el que participó Septem Nostra.

Fue una ocasión que aprovechamos para reclamar una serie de medidas para mejorar la calidad de los cauces naturales de Ceuta y de las aguas costeras, como la elaboración de un diagnóstico del estado de conservación de los cauces naturales de Ceuta (ocupación ilegal, problema de vertidos líquidos y sólidos) y su restauración ambiental; la implementación de un programa reforestación de la ribera de los arroyos; la identificación y restauración de los manantiales y fuentes de Ceuta; la revisión de los planes de adaptación al cambio climático y riesgos de inundación ante el nuevo escenario climático; la protección ambiental del Azud del Infierno por su importante ecológico para las aves;  la declaración de nuevos espacios protegidos en la bahía norte o la creación de una delegación de la Comisaria de Aguas en Ceuta. También reclamamos el cumplimiento de la obligación de llevar a cabo un seguimiento ambiental del vertido de salmuera procedente de la planta desalinizadora, así como la reparación del digestor y el horno de secado de fangos de la estación depuradora de aguas residuales de Santa Catalina, cuya falta de mantenimiento está causando un grave problema de malos olores en el entorno.

Buena parte de las medidas indicadas con anterioridad, aparecen recogidas en el documento titulado “informe-resumen de taller de participación activa” publicado en la página web de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir”. Según nos dijeron, todas estas medidas iban a ser analizadas e incorporadas al esquema de temas importantes del siguiente ciclo de planificación hidrográfica. Sin embargo, esta misma semana, concretamente el miércoles día 21, fuimos convocados a una reunión telemática del Consejo del Agua y, para nuestra sorpresa, el mencionado esquema no recoge ninguna de las propuestas presentadas en el referido taller de participación.

Puede decirse que no nos gustó ni el fondo ni las formas de la última reunión del Consejo del Agua. Así se lo hemos hecho saber por correo electrónico a los responsables de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir. En nuestro escrito les hemos manifestado nuestro malestar por no haber celebrado la reunión en Ceuta, sobre todo en las circunstancias por la que está pasando nuestra ciudad. Además, se dio la circunstancia que no pudimos asistir a buena parte de la reunión, ya que coincidió con el apagón general eléctrico. Hubiera sido un gesto digno de agradecer que la presidenta de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, Gloria María Martín Valcárcel, y su equipo, se desplazara a Ceuta para celebrar el Consejo del Agua y, de paso, evaluar de primera mano los impactos de la invasión en el patrimonio hidrológico de nuestra ciudad y, en especial, en la calidad y salubridad de las aguas costeras ceutíes.

Aunque no pudimos participar en la votación de la aprobación del esquema de temas importantes, manifestamos nuestro rechazo a la propuesta presentada por ser hartamente insuficiente, ya      que no refleja la realidad de lo elaborado en el taller de participación celebrado en febrero. Si después de todo lo trabajado en aquella sesión, con todos los participantes y sus aportaciones, solo incluyen en títulos genéricos, la contaminación de aguas costeras, y las garantías del suministro, entonces, infelizmente, este tipo de reuniones no parecen que sirvan para mucho. Además, nos atrevemos a proponerles que incluyan entre los ETI, algo de pura lógica burocrática: la estricta aplicación de las leyes ambientales vigentes en nuestro país en materia de vertidos al mar y en ocupación de los cauces. En nuestro interés por ayudar a la resolución de los problemas ambientales que afectan a nuestra querida Ceuta, instamos a la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir a que volviesen a revisar todo lo que se anotó en aquella reunión y repasaran, otra vez, la información relevante para volver a redactar los ETI.

En definitiva, el modo de proceder de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir es un claro ejemplo del circunloquio burocrático que tan bien describió Charles Dickens en su obra “La pequeña Dorrit”. Siguen a la perfección, y por obligación, el no menos procedimiento dickesiano que impone la Unión Europea en las evaluaciones ambientales. Para la tecnoburocracia tentacular, la participación ciudadana es un mero trámite engorroso que nada cambia ni altera las decisiones técnicas y políticas de unas administraciones totalmente impermeables a las sugerencias y propuestas de la ciudadanía. No es algo que nos sorprenda, pues llevamos más de veinticinco años implicados en la defensa del patrimonio natural y cultural de Ceuta, pero no vamos a dejar de denunciar estas prácticas alejadas de la esencia de la democracia participativa.

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