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In memoriam: ‘Mamá Malika’, la dulce abuela que deja un vacío en su familia

Malika Rhouichi dio positivo en coronavirus el 5 de febrero, pero este pasado martes “no pudo aguantar” y falleció en la UCI del Hospital Universitario

Nunca hemos vivido una situación como esta. Vivencias, experiencias, sentimientos, escenas y situaciones individuales que se van sucediendo con el pasar de los días mientras intentamos continuar con cierta ‘normalidad’. Ningún rincón del planeta escapa de esta enfermedad. Y por desgracia, Ceuta sigue lamentando la pérdida de sus vecinos.

Malika Rhouichi tuvo que celebrar el pasado 18 de febrero sus 51 años sola en la Unidad de Cuidados Intensivos del Clínico de Loma Colmenar sin sus tres hijos, su marido y su nieta, luchando contra un virus que, “finalmente, ha podido con ella”. Este pasado martes sobre las 15:00 horas los médicos llamaban a su hija del alma, Hayar, “para confirmarme lo peor: mi madre había fallecido”.

Malika Rhouichi tuvo que celebrar su 51 cumpleaños sola en la UCI del hospital

Todo comenzó el 5 de febrero cuando tras unos días mal dieron positivo Malika y Hayar. “Al principio no estaba tan mal, como no era de riesgo nos dijeron que lo pasáramos las dos en la casa. Su caso no era preocupante porque no sufría enfermedades graves, salvo las hernias que tenía, ni una edad muy avanzada. De hecho, pensábamos que no le iba a pasar nada. Mi padre nos preocupaba más”, rememora Hayar.

Y es que, tras dar ellas dos positivo, su padre dos días después, el 7 de febrero, también se sumó a los casos activos por coronavirus. Pero fue el 12 de ese mes cuando Malika empeoró.

“Ya no podía más. Llevaba dos días en cama, sin olfato ni gusto, con fiebres muy altas y una tos que la dejaba casi sin respiración. Entonces nos preocupamos y llamamos a la ambulancia. Al llegar al hospital la tuvieron en Observación varios días”, recuerda su hija de 20 años emocionada.

La angustia de no saber nada atormentaba a la familia. Malika no se había llevado su teléfono, pero una enfermera le dejó el suyo para que pudiera hablar con su familia. “Al día siguiente de ingresarla, hicimos videollamada con ella y la vio mi padre. La vio tan mal que él se puso fatal y al día siguiente tuvimos que llevarle al hospital”.

“Ellos han estado toda la vida muy unidos, el uno para el otro”, tanto que incluso en Observación estuvieron juntos. “A los dos días de dar mi madre positivo, da él positivo y a los dos días de ingresar ella, ingresa él. Pero ahora él es quien está peor porque sigue en UCI bastante grave”.

Mohamed y Malika pasaban todo el día juntos. “Nos han dicho que está todo el tiempo preguntando por ella y que incluso han tenido que sedarle porque estaba muy nervioso, pero claro no le podemos decir que ella ya no está. Una neumonía muy fuerte por el COVID es la que ha acabado con su vida. Ha fallecido todavía en la UCI y con el COVID después de más de 15 días, pero esperemos que no se lo lleve a él también”, expresa “nerviosa y sin saber ni dónde estoy”.

“Siempre ha estado por y para los demás, sobre todo para sus hijos y su nieta, su debilidad”

Malika era una mujer que siempre estaba para su familia. “Su felicidad no ha sido nunca otra cosa que la de su familia. Siempre ha estado por y para los demás, sobre todo para sus hijos. Ahora se dedicaba sobre todo a cuidar de mi hija. Su vida era mi hija que desde que se fue al hospital la llama “mamá, mamá” y la busca porque siempre la ha llamado así. Y bueno, a mi hermano de 15 años lo ha dejado roto, mi niño”, se emociona Hayar.

Esta vecina de 51 años vivía en Benzú, una barriada entera que desde el pasado martes ya no es la misma. “La conocía de hace muchísimos años y era una de esas vecinas que te encuentras a diario y siempre te saluda con una sonrisa, muy servicial y muy atenta con todos los vecinos. La verdad que ha sido una pérdida muy grande y se ha notado mucho en el ánimo de todos”, explicaba Rahma Mokhlis, presidenta de la asociación de vecinos de Benzú.

Malika trabajó junto a su familia doce años en una panadería y todos en el barrio la querían. “Necesitaba trabajar y abrió la panadería con un familiar para sacarnos adelante. Pero con el tiempo se puso muy mal de la espalda de amasar a mano el pan y lo dejó para dedicarse a su casa y a sus hijos”, concluye una hija “rota”.

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