La interesada polémica generada en torno a la corrida de toros, que se ha convertido en la mejor campaña de imagen para un promotor avispado y un torero manejado, ha derivado en un torticero debate sobre lo español. Los que se apropian de la bandera nos vienen con lecciones sobre la patria. Después de despreciar a los de religión musulmana tildándolos de españoles de segunda o promarroquíes, ahora acusan de falsos españoles a los que no solo no amamos la tauromaquia sino que además la denunciamos.
Yo soy una de ellas, así que debo ser una mala española o directamente no serlo. Tampoco llevo pulsera con la bandera de España ni la cuelgo en mi balcón. Voy, por tanto, sumando puntos para el saco del antiespañolismo. Las corridas de toros están abocadas al fin, así será por mera conciencia ciudadana, por mucho que haya quienes se empeñen en calificar de tradición lo que no lo es dándonos además lecciones de cómo el toro nace para morir de esa forma. Casi les falta decir que los toros disfrutan mientras se desangran para que después el maestro muestre rabo y orejas ante el público español, por supuesto, que aplaude esta gesta. Que malos somos el resto y qué antipatriotas por no jalear el espectáculo.
Apoyar o no la mediática corrida de toros es decisión de cada uno, pero el problema se produce cuando la clase política convierte esto en motivo de enfrentamiento, de polémica y, carentes de programa porque no tienen, usan este tema para hablar de marroquinización, de pérdida de identidad española, de cultura y demás. Sandeces propias de quienes pelean por los votos como pollos sin cabeza, que es básicamente lo que son.
Dice la Ciudad que se ha generado una “polémica artificial”. Quizá ellos hayan tenido algo que ver por su lenta, como siempre, respuesta. Aquí lo que hemos tenido ha sido un culebrón de verano de unos avispados que han venido a darse publicidad gratuita sin saber siquiera dónde estaban los terrenos que pedían, sin disponer de una infraestructura preparada y vendiéndose como las estrellas de un toreo por amor a la Legión.
Ya saben, muchos cruzan el Estrecho buscando calor y como tontos se lo damos. Aquí hasta nos hemos quemado.
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