Los pasos de cebra que están situados en la Avenida Martínez Catena han sido peligrosos siempre, lo que sucede es que en muchas ocasiones nada más que nos acordamos de Santa Bárbaba cuando truena. Como ha sucedido tras el atropello mortal de la pequeña Jennifer, de siete años, cuando iba acompañada de su abuela. Hace ya más de veinte años unos doscientos metros más allá los vecinos de Juan XXIII ponían cada dos por tres el grito en el cielo, porque en varias ocasiones se produjeron atropellos cuando los vecinos cruzaban hacia la zona de la playa. Además, ellos con el añadido de que se encontraban en una curva sin prácticamente visibilidad y donde los vehículos las tomaban a muchos kilómetros por hora. Era entonces delegado del Gobierno, González Márquez y al final lograron su objetivo y se construyó por el Ministerio de Fomento el paso elevado del que todavía gozan. Es cierto que en la recta que va hacia la Almadraba, existe dos o tres pasos de peatones, donde los mismos se las juegan cuando desean cruzar de lado, porque a pesar de las señales que ponen límite, hay quien se la juega circulando a mucho más. Y al final la tragedia tenía que llegar como le ha sucedido a la pequeña Jennifer. Lo cierto es que por parte de las autoridades, es competencia esta carretera de la Administración General del Estado, se debería de poner algún sistema que obligara a reducir cuando se llega a estos pasos de peatones. Los propios vecinos del lugar hablan de badenes y no parece mala la idea. De todas maneras, confiemos en que aunque sea tras este triste suceso encuentren acogida sus peticiones.





