El presidente de la Ciudad se reunió ayer personalmente con la cúpula directiva de la Federación de Vecinos para explicarle, con detalle, cómo va a ser el proyecto de reforma de La Marina que tantos dimes y diretes está causando. Pepe Ramos, cabeza visible del movimiento vecinal, habló, campechano como es, de lo que supone esta obra, dejando claro que ellos nada tienen que decir del proyecto y que no están en contra del mismo porque supone una mejora de la zona. Punto y final. Esto es lo que dice Ramos, algo que secundan todos los dirigentes vecinales. Esto es lo que textualmente informa a los periodistas, no lo que se pretende poner en su boca, y en la de todos los demás presidentes, para seguir justificando una campaña de acoso y pretendido derribo contra la Administración.
Allá cada cual con sus fines, pero que no pretendan enturbiar la auténtica voz de los vecinos o de los empresarios, porque ambos han hablado bien clarito de lo que piensan de una acción que parece haberse convertido en cuestión de Estado.
La obra de La Marina puede gustar o no. Vale. Pero nadie puede dudar en que, amén del cumplimiento de la sentencia judicial, urge actuar sobre las estrechas aceras y sobre esos subterráneos convertidos en lugar apto para los atracos y en meadero colectivo. ¿Cierto o no?
La Ciudad ha hecho bien en ofrecer explicaciones a los vecinos. Quizá lo debería haber hecho antes, puesto que una obra de esta envergadura afecta a todos los ciudadanos y bueno es que se abra un debate para recoger ideas que sirvan para orientar una acción que puede tener sus errores.
En esa marcha atrás el Gobierno de Vivas ha cambiado de procedimiento elegido y la obra se adjudicará a través de subasta. Y este paso atrás se ha dado cuando Caballas, principal partido en la oposición, ha anunciado un recurso que, tras conocer el cambio institucional, ya ha advertido que retirará. La oposición constructiva tiene esto, que puede hacer que un Gobierno dé un viraje a sus planteamientos introduciendo cambios que eviten suspicacias.
La política debe ser abierta, pero nunca sometida al chantaje que parece que se ha convertido en modus operandi de algunas alianzas que se están devorando así mismas.





