Las dos únicas decisiones de peso que ha adoptado el jefe accidental Jose Antonio Sorroche en la Policía Local desde que Juan Vivas lo aupara al control han quedado en agua de borrajas. Después de que la Mesa Negociadora celebrada la semana pasada le quitara la razón el cobro de las labores de superior categoría, ahora es la propia consejera de Gobernación, Yolanda Bel, la que se ha reunido con los policías locales que Sorroche quitó del Ayuntamiento para indicarles que van a volver a sus puestos de trabajo. Así, según han informado fuentes de la Ciudad a ‘El Faro’, en reunión mantenida ayer entre la propia Bel, el jefe de seguridad Castilla y el jefe accidental Sorroche con los agentes del Cuerpo que tienen encomendada la vigilancia del Palacio de la Asamblea se decidió volver a lo que antes había. Es decir: 10 agentes de vigilancia. ¿Qué había hecho Sorroche? Quitar a cuatro policías del Palacio y sacarlos a la calle. Estos eran los que formaban parte, junto a otros, del famoso 20% de policías que, se suponía, habían reforzado la presencia policial en la vía pública. Pues bien, ahora resulta que cuatro tienen que volver al Ayuntamiento y uno al control en el Mercado de San José por orden judicial, tras ganar la denuncia que interpuso al cambiársele de lugar de trabajo.
La seguridad del Palacio de la Asamblea, en plena alerta terrorista, había quedado en evidencia ante la falta de efectivos y ante el hecho de que cada jornada fueran distintos los agentes que tenían que desarrollar el control, provocando malestar entre los ciudadanos y los propios sindicatos policiales. La gota que colmó el vaso fue cuando hace un par de semanas un vehículo con matrícula de Marruecos se introdujo en el garaje del Ayuntamiento sin que nadie se diera cuenta. El conductor, que iba al Hotel Tryp, se había equivocado, pero la seguridad de la casa del pueblo quedó en evidencia.
Ahora se ha acordado mantener el mismo número que había antes de la llegada de Sorroche e impartir, además, un curso especializado en seguridad de edificios públicos. Las estadísticas de agentes en la calle quedan, de nuevo, alteradas y los cambios en entredicho.





