Los militares del Reino celebran hoy la Pascua militar, instaurada por el rey Carlos III en 1782. Cuenta la tradición, y cuenta bien, que la fecha conmemora la recuperación de la isla de Menorca, dependencia británica desde la Guerra de Sucesión.
A pesar de ello, la efeméride puede enmarcarse en toda una serie de acontecimientos de armas y reformas militares que tuvieron lugar en los primeros veinte años del reinado de Carlos III y en los que, por cierto, nuestra ciudad juega un papel destacado.
Proclamado rey de España en 1759, Carlos III consideró que para defender su monarquía universal del asedio británico, precisaba contar con un nuevo modelo de ejército y una marina que respondiese a las necesidades bélicas y geoestratégicas de la época.
Con este espíritu, y siguiendo una vieja tradición que se remonta a los Reyes Católicos, el monarca reorganizó el ejército mediante reales ordenanzas en 1768.
Estas Ordenanzas Militares, vigentes hasta la reforma de 1978, compilaron normativa dispersa e introdujeron dos nuevos conceptos: subordinó la hidalguía a los méritos personales y atenuó el espíritu religioso y la confesionalidad católica del ejército español.
Como curiosidad relacionada con nuestra ciudad, las Ordenanzas de Carlos III señalaban pena capital al que desertare a país extranjero, disposición que fue cambiada por Carlos IV en 1796, quien la conmutó por servir diez años en Ceuta o en los presidios menores, aunque se mantenía la pena de muerte cuando se tratara de “deserción a los moros”.
La modernización emprendida permitió al Rey-alcalde culminar algunas campañas exitosas de colonización y conquista. En primer lugar, Norteamérica. Fray Junípero Serra fundó la primera misión en San Diego en 1769. La hispanización se extendería a toda prisa hacia el norte ante las suspicacias levantadas por los rusos, quienes ya merodeaban por las costas más septentrionales de América. Carlos III intentó incluso colonizar Alaska y envió varias expediciones a la zona, aunque cayó bajo soberanía rusa hasta que los zares la vendieron a Estados Unidos por unos siete millones de dólares en 1867.
De vuelta al s. XVIII, en 1781 los españoles, liderados por el célebre Bernardo de Gálvez, aprovechan la Revolución estadounidense para retomar Pensacola, capital de la Florida, ocupada por los británicos desde 1763.
Del nuevo al viejo mundo, una escuadra francoespañola expulsa a los ingleses de Menorca en 1782 y el Rey, para conmemorar la fecha, instaura la Pascua Militar.
Ya por estos lares, Carlos III firmó en 1767 un Tratado de Paz con el sultán marroquí Mohammed ben Abdallah. A pesar de ello y alentado por Londres, el sultán escribió a nuestro rey en 1774, por conducto del Gobernador de Ceuta, para anunciarle su propósito de atacar las plazas españolas en África, esperando, decía, que ello no enturbiase la paz con España.
Recibida la curiosa misiva y agredida Ceuta, Carlos III declara la guerra. Melilla, sometida a asedio, resiste heróicamente a las órdenes de Sherlock. En 1780 Marruecos firma la Paz de Aranjuez y reconoce la españolidad de la ciudad hermana.
Feliz y victorioso, el Rey no podía imaginar que pocos años después sus aliados franceses depondrían a su hijo Carlos IV e invadirían España, ni que uno de los defensores de Melilla, Francisco de Miranda, se convertiría en prócer de la independencia hispanoamericana. Sin saberlo, el Imperio se precipitaba el vacío.
Ceuta festejará la Pascua Militar con una parada y una recepción
La Pascua Militar, además de su carácter tradicional, constituye un solemne acto castrense con el que se inicia oficialmente el año militar.
En la ciudad de Ceuta tendrán lugar varios actos. En primer lugar, a las 12:00 está organizada una parada militar en la Plaza de África en la que participarán las siguientes unidades: Escuadra de Gastadores y Banda de Guerra del Regimiento mixto de Artillería número 30, Unidad de Música de la Comandancia General de Ceuta y una Compañía de Honores formada por una sección del Regimiento Mixto de Artillería número 30, una sección del Grupo de Regulares ‘Ceuta’ número 54 y una sección del segundo Tercio de la Legión ‘Duque de Alba.
Concidiendo con la parada militar, se disparará desde el baluarte de la Bandera el tradicional ‘cañonazo de las doce’. Esta vez la salva se ejecutará con un cañón ‘Schneider 75/22 mm.’ y por personal perteneciente al RAMIX número 30.
Tras la parada castrense, habrá una recepción en el Salón del Trono del Cuartel General de la Comandancia General de Ceuta, durante la cual se procederá a la imposición de condecoraciones. Tras ello, el comandante general tomará la palabra para dirigir unas palabras a los presentes transmitir la felicitación de Su Majestad el Rey.
El Peñón de Gibraltar, la espina clavada desde hace tres siglos
Más de dos siglos después de recuperar Menorca, España aún sufre una dolorosa llaga del Tratado de Utrech: la pérdida de Gibraltar.
Tras la muerte del estéril Carlos II en 1700, la sucesión del trono español derivó en un conflicto internacional. Francia apadrinaba a Felipe de Anjou, mientras que Gran Bretaña, el Sacro Imperio y Holanda hacían lo propio con el archiduque Carlos.
La Guerra de Sucesión terminó con el Tratado de Utrech (1713) por el que Londres reconocía a Felipe V a cambio de la soberanía de Menorca y Gibraltar, ocupada esta última en 1704 por una flota angloholandesa que lo había intentado también con Barcelona y Ceuta.
Tres siglos después, el Peñón sigue clavado y supurando en la conciencia nacional.
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