De los fraudes económicos y sentimentales a los pisos patera
La existencia de los llamados pisos patera en Ceuta no es algo extraño, más bien se está convirtiendo en un hecho común. Zonas como el Sarchal o el Polígono esconden pisos con 16 personas empadronadas o hasta 25. ¿Dónde está el control?, ¿qué tipo de empadronamientos falsos se están registrando en la ciudad sin cortapisa alguna? Lo que se convierte en un hecho conocido en la ciudad termina siendo permitido aunque esconda una irregularidad que hace tambalear las mínimas garantías de seguridad.
La Fiscalía no ha iniciado actuación alguna al respecto ni la Policía ha llevado a cabo investigaciones sobre este asunto. Los empadronamientos deben ser comprobados por la Policía Local, aunque en más de una ocasión dichas comprobaciones se llevan a cabo como se pueden. Si el inquilino no está en su casa habrá que fiarse de lo que dice el vecino que es la ‘fuente fiable’ para confirmar que un empadronado reside en esa vivienda aunque luego no sea así. Se estaría, en este caso, ante empadronamientos fantasma que sirven para la obtención de determinados permisos. Esto es lo que hacen quienes, por ejemplo, están cobrando las prestaciones del paro en España. Son marroquíes que quedaron en paro en la península, se han marchado a Marruecos pero tienen su empadronamiento en la ciudad para poder cobrar el subsidio. Entran en Ceuta, acuden a su sucursal bancaria, cobran y se van. ¿Cómo se le llama a esto? La palabra fraude vuelve a asomar. Las fuerzas de seguridad tienen controlados ya a quienes cada día x del mes llegan a la ciudad para cobrar la paga. El SPEE hace también sus controles sobre ese cupo buscando la manera de darle la vuelta a los controles impuestos para que esos beneficiarios estén en alerta y no puedan buscarse esa independencia permitida.
En el caso de los pisos patera el control es inexistente y los hechos confirman que se ha permitido empadronamientos en una misma vivienda que no cuadran con la realidad física de dicha casa. Fuentes oficiales intentan aportar una explicación a esto, argumentando que hay quienes no se dan de baja en el padrón por lo que existen viviendas en las que siguen registrados inquilinos que ya no viven allí, ¿pero hasta 16, hasta 25?
La existencia de los llamados matrimonios de conveniencia también tiene que ver en toda esta historia. Parejas que se casan con la única finalidad de buscar la nacionalidad, en donde afloran los empadronamientos falsos están a la orden del día. Para el juzgado número 3, del que depende por su vinculación directa con el registro ejercer este tipo de indagaciones, resulta complicado ver más allá de la pareja. Aunque tenga delante a un hombre de 60 años y una pipiola de 18, con nacionalidades distintas, será complicado vetar un casamiento en donde la conveniencia para dominar esa unión. Los fraudes sentimentales se dan la mano junto a los económicos sustentándose en una situación irregular pero permitida. En una ciudad en donde hay barriadas que carecen del control mínimo, en donde el urbanismo es caótico, en donde resulta imposible averiguar cuantas residencias hay y, mucho menos, saber quiénes viven allí, si son marroquíes o españoles, si se trata de vecinos que pasadas las doce no deberían pernoctar en Ceuta pero que curiosamente disponen de una vivienda, de un empadronamiento disfrazado de regular.
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