Tras la protesta hecha pública por los dirigentes vecinales de las diferentes asociaciones cercanas al albergue de Hadú por el traslado de los MENA, cabe una urgente reflexión. Y para eso cada una de las partes debe saber ceder y saber abordar el tema con la madurez y responsabilidad requeridas. Acoger al menor desamparado que llega a Ceuta es una obligación. Así que aquí no se trata de manejarlos como una pelota ni trasladarlos de un lugar a otro porque la ley es clara y las competencias que la Ciudad tiene en este asunto también. El centro de ‘La Esperanza’ es una bofetada a la dignidad, no debe permanecer abierto durante más tiempo de ahí que el Gobierno, que se ha estado durmiendo en los laureles, tenga que adoptar una solución por la vía de urgencia. Si esa es utilizar el albergue de Hadú deberá sentarse a hablar con los vecinos y explicarles qué se va a hacer, qué medios van a tener y qué programas siguen los MENA que ya no tienen que ver con la época dura de los años noventa. Quizá, con claridad y transparencia, todas las partes lleguen a un consenso sin necesidad de tiranteces, de espectáculos y de infantilismos que a nada bueno llegan.
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